Los enemigos de Al-Qaida
En 1983 los palestinos refugiados en Trípoli expulsaron de esa localidad septentrional libanesa a Yasser Arafat.

El rais de ese pueblo sin Estado no volvería a hollar suelo libanés. Los palestinos del campo de refugiados de Naher al-Bared, en las afueras de Trípoli, volvían a alzarse en armas el pasado domingo. Y una vez más lo hacían contra hermanos árabes.
Las circunstancias han cambiado en los veinticuatro años transcurridos desde que Yasser Arafat se echó al mar moralmente destrozado, con la mirada perdida en el horizonte, como queda reflejado en la contraportada de su excelente biografía «Behind the myth: Arafat and the Palestinian Revolution» de Andrew Gowers y Tony Walker.
Lo que ahora nos encontramos es que el campo de refugiados -neologismo de «paupérrimo arrabal»- es en realidad una base de Al Qaida. Y no sólo una base, sino que Naher al-Bared es el perfecto exponente de la verdadera identidad de esos islamistas.
Ha quedado reiterado en estas páginas que el objetivo de los terroristas islámicos son todos los que para ellos son/somos infieles. Y ahí los cristianos representamos el ejemplo paradigmático. Pero ahora, en la Trípoli libanesa, tenemos un ejemplo más sutil -y, si cabe, más revelador.
En las calles de Naher al-Bared luchan árabes contra árabes. Y aunque el Ejército libanés sigue teniendo un porcentaje relevante de cristianos entre su oficialidad, en la clase de tropa la cantidad de no musulmanes es exigua.
Es decir, Al-Qaida libra una Jihad en la que el Ejército de un país mayoritariamente musulmán, se ha convertido en objetivo. Una guerra que es la primera desde Afganistán en la que Al-Qaida confronta abiertamente a un Ejército tradicional. Y lo hace en un feudo de notable influencia siria e iraní.
Los datos son evidentes y lo evidente no se discute. La Alianza de Civilizaciones puede esperar a mejor ocasión. Los patrocinados de Irán se han sublevado en el Líbano contra el legítimo Gobierno culpable de haber sido elegido en las urnas. Y no aceptarán que se investigue el asesinato de Hariri.
Ni democracia ni justicia. Vade retro, Satanás
POR RAMÓN PÉREZ-MAURA
Miércoles, 23 de mayo de 2007
Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U, Madrid, 2006.
Todos los derechos reservados. ABC Periódico Electrónico S.L.U. contiene información de Diario ABC. S.L.
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http://www.abc.es/20070523/opinion-firmas/enemigos-qaida_200705230302.html

El rais de ese pueblo sin Estado no volvería a hollar suelo libanés. Los palestinos del campo de refugiados de Naher al-Bared, en las afueras de Trípoli, volvían a alzarse en armas el pasado domingo. Y una vez más lo hacían contra hermanos árabes.
Las circunstancias han cambiado en los veinticuatro años transcurridos desde que Yasser Arafat se echó al mar moralmente destrozado, con la mirada perdida en el horizonte, como queda reflejado en la contraportada de su excelente biografía «Behind the myth: Arafat and the Palestinian Revolution» de Andrew Gowers y Tony Walker.
Lo que ahora nos encontramos es que el campo de refugiados -neologismo de «paupérrimo arrabal»- es en realidad una base de Al Qaida. Y no sólo una base, sino que Naher al-Bared es el perfecto exponente de la verdadera identidad de esos islamistas.
Ha quedado reiterado en estas páginas que el objetivo de los terroristas islámicos son todos los que para ellos son/somos infieles. Y ahí los cristianos representamos el ejemplo paradigmático. Pero ahora, en la Trípoli libanesa, tenemos un ejemplo más sutil -y, si cabe, más revelador.
En las calles de Naher al-Bared luchan árabes contra árabes. Y aunque el Ejército libanés sigue teniendo un porcentaje relevante de cristianos entre su oficialidad, en la clase de tropa la cantidad de no musulmanes es exigua.
Es decir, Al-Qaida libra una Jihad en la que el Ejército de un país mayoritariamente musulmán, se ha convertido en objetivo. Una guerra que es la primera desde Afganistán en la que Al-Qaida confronta abiertamente a un Ejército tradicional. Y lo hace en un feudo de notable influencia siria e iraní.
Los datos son evidentes y lo evidente no se discute. La Alianza de Civilizaciones puede esperar a mejor ocasión. Los patrocinados de Irán se han sublevado en el Líbano contra el legítimo Gobierno culpable de haber sido elegido en las urnas. Y no aceptarán que se investigue el asesinato de Hariri.
Ni democracia ni justicia. Vade retro, Satanás
POR RAMÓN PÉREZ-MAURA
Miércoles, 23 de mayo de 2007
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