Infiltración islamista
La detención en Catalunya de 13 presuntos integrantes de una célula yihadista, entre los que se encuentra Taufik Chedadi, imán de Santa Coloma de Gramanet, además de otros dos en Aranjuez (Madrid) y uno en Málaga, confirma los peores temores relativos al grado de implantación de fundamentalistas islámicos en nuestro territorio.

En primer lugar, porque pone de manifiesto la capacidad de los islamistas para infiltrarse en medios con una importante población inmigrante de origen magrebí.
En segundo lugar, porque pone una vez más de relieve que los lunáticos de la bomba no tienen reparos en convertir las mezquitas en oficinas de selección y recluta de futuros terroristas.
La tercera confirmación es quizá la más preocupante: la red islamista que perpetró los atentados del 11-M es más tupida y tiene una capacidad para regenerarse muy superior a la imaginada.
A nadie puede escapar el hecho de que algunos de los detenidos ahora ayudaron a huir a dos de los presuntos implicados en las matanzas de Madrid y, aún menos, que los tres años transcurridos son suficientes para recuperarse de las detenciones y del suicidio de siete yihadistas en Leganés semanas después de los atentados.
Es evidente que la relativa impunidad de que disfrutan organizaciones llamadas culturales, de origen francamente oscuro, y la floración de lugares de culto musulmán fuera de todo control, empezando por el de la propia comunidad islámica en España, debe acotarse.
No se trata de poner en práctica una nueva modalidad de censura, sino de acabar con una situación que pone en riesgo a la sociedad entera, incluida la inmensa mayoría de musulmanes, que pacíficamente profesan su fe.
29/5/2007 Edición Impresa EDITORIAL
El Periódico de Catalunya
Barcelona España
http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=410411&idseccio_PK=1006

En primer lugar, porque pone de manifiesto la capacidad de los islamistas para infiltrarse en medios con una importante población inmigrante de origen magrebí.
En segundo lugar, porque pone una vez más de relieve que los lunáticos de la bomba no tienen reparos en convertir las mezquitas en oficinas de selección y recluta de futuros terroristas.
La tercera confirmación es quizá la más preocupante: la red islamista que perpetró los atentados del 11-M es más tupida y tiene una capacidad para regenerarse muy superior a la imaginada.
A nadie puede escapar el hecho de que algunos de los detenidos ahora ayudaron a huir a dos de los presuntos implicados en las matanzas de Madrid y, aún menos, que los tres años transcurridos son suficientes para recuperarse de las detenciones y del suicidio de siete yihadistas en Leganés semanas después de los atentados.
Es evidente que la relativa impunidad de que disfrutan organizaciones llamadas culturales, de origen francamente oscuro, y la floración de lugares de culto musulmán fuera de todo control, empezando por el de la propia comunidad islámica en España, debe acotarse.
No se trata de poner en práctica una nueva modalidad de censura, sino de acabar con una situación que pone en riesgo a la sociedad entera, incluida la inmensa mayoría de musulmanes, que pacíficamente profesan su fe.
29/5/2007 Edición Impresa EDITORIAL
El Periódico de Catalunya
Barcelona España
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