«Máxima alerta» en Marruecos por temor a nuevos atentados
tánger- El Reino de Marruecos parece por fin haberse tomado en serio el peligro de atentados terroristas en su territorio.

El portavoz del Gobierno, Nabil Benabdalá, declaró ayer al término del consejo ministerial que el país se encuentra «en estado de alerta máxima». Hasta ahora, las Autoridades alauitas habian minimizado el peligro de atentados, declarando periódicamente que los terroristas islámicos estaban acosados y desesperados y que las fuerzas de seguridad los tenían prácticamente bajo control.
Desde que se cometieron los atentados en Casablanca el 16 de mayo de 2003, que causaron 45 muertos, la policía marroquí ha detenido a miles de sospechosos de pertenecer, apoyar o simpatizar con las redes del terrorismo yihadista.
Las cárceles están repletas de presuntos terroristas. Rabat ha trasmitido a la Interpol y a los países europeos decenas de mandatos de búsqueda y captura. Sin embargo, el terrorismo islámico sigue golpeando el país. Los últimos atentados suicidas posteriores a la explosión del 11 de marzo en un cibercafé de Casablanca han puesto de manifiesto el peligro latente.
El enorme despliegue policial no ha podido impedir nuevos atentados suicidas como los del sábado pasado frente al Consulado norteamericano en Casablanca, que ocasionaron un herido además de los dos terroristas muertos, y los tres atentados anteriores, que causaron un muerto y más de 20 heridos.
El ministro portavoz Benabdalá anunció la detención de los presuntos líderes de la célula terrorista responsable, pero sobre todo que el Ejecutivo alauita se encuentra en máxima alerta y en contacto permanente con las representaciones diplomáticas de todos los países occidentales. Las sedes oficiales de EE UU han sido cerradas al público. Las otras embajadas y consulados han extremado la vigilancia y el control, y patrullas de la policía hacen guardia las 24 horas del día.
En un primer momento, el gobierno de Rabat decidió circunscribir el control a Casablanca; a principios de semana, la alerta se extendió a las ciudades colindantes, Mohamadia, Bensliman y a los pueblos situados en el eje Casablanca-Rabat. Sin embargo, el régimen lo ha considerado insuficiente y ha decidido decretar la alerta máxima a todo el país, «especialmente a las ciudades y otras zonas sensibles». Nabil Benabdalá ha justificado esta medida extrema porque «el terrorismo puede golpear en cualquier momento», y en cualquier lugar.
De hecho, según los servicios de inteligencia occidentales que siguen con preocupación la situación en Marruecos, «el mayor peligro estriba en la impredecibilidad de los atentados suicidas». Esta decisión del régimen de Mohamed VI, que puede acarrear repercusiones negativas a medio plazo en el turismo y en las inversiones extranjeras, se produce cuando el Consejo de Seguridad de la ONU se encuentra debatiendo el conflicto del Sahara Occidental, lo que puede ser visto como una forma de presionar a los miembros del mismo a adoptar una actitud benevolente hacia el Reino alauita, vistos los peligros a los que se enfrenta.
Sin embargo, según la opinión de todos los observadores políticos occidentales en Rabat, el peligro de atentados terroristas es real, y podría acarrear consecuencias desastrosas para el régimen.
Pedro Canales
Nº 9 | Jueves, 19 de abril de 2007
Copyright 2005, La Razón
Madrid España
http://www.larazon.es/noticias/noti_int2949.htm

El portavoz del Gobierno, Nabil Benabdalá, declaró ayer al término del consejo ministerial que el país se encuentra «en estado de alerta máxima». Hasta ahora, las Autoridades alauitas habian minimizado el peligro de atentados, declarando periódicamente que los terroristas islámicos estaban acosados y desesperados y que las fuerzas de seguridad los tenían prácticamente bajo control.
Desde que se cometieron los atentados en Casablanca el 16 de mayo de 2003, que causaron 45 muertos, la policía marroquí ha detenido a miles de sospechosos de pertenecer, apoyar o simpatizar con las redes del terrorismo yihadista.
Las cárceles están repletas de presuntos terroristas. Rabat ha trasmitido a la Interpol y a los países europeos decenas de mandatos de búsqueda y captura. Sin embargo, el terrorismo islámico sigue golpeando el país. Los últimos atentados suicidas posteriores a la explosión del 11 de marzo en un cibercafé de Casablanca han puesto de manifiesto el peligro latente.
El enorme despliegue policial no ha podido impedir nuevos atentados suicidas como los del sábado pasado frente al Consulado norteamericano en Casablanca, que ocasionaron un herido además de los dos terroristas muertos, y los tres atentados anteriores, que causaron un muerto y más de 20 heridos.
El ministro portavoz Benabdalá anunció la detención de los presuntos líderes de la célula terrorista responsable, pero sobre todo que el Ejecutivo alauita se encuentra en máxima alerta y en contacto permanente con las representaciones diplomáticas de todos los países occidentales. Las sedes oficiales de EE UU han sido cerradas al público. Las otras embajadas y consulados han extremado la vigilancia y el control, y patrullas de la policía hacen guardia las 24 horas del día.
En un primer momento, el gobierno de Rabat decidió circunscribir el control a Casablanca; a principios de semana, la alerta se extendió a las ciudades colindantes, Mohamadia, Bensliman y a los pueblos situados en el eje Casablanca-Rabat. Sin embargo, el régimen lo ha considerado insuficiente y ha decidido decretar la alerta máxima a todo el país, «especialmente a las ciudades y otras zonas sensibles». Nabil Benabdalá ha justificado esta medida extrema porque «el terrorismo puede golpear en cualquier momento», y en cualquier lugar.
De hecho, según los servicios de inteligencia occidentales que siguen con preocupación la situación en Marruecos, «el mayor peligro estriba en la impredecibilidad de los atentados suicidas». Esta decisión del régimen de Mohamed VI, que puede acarrear repercusiones negativas a medio plazo en el turismo y en las inversiones extranjeras, se produce cuando el Consejo de Seguridad de la ONU se encuentra debatiendo el conflicto del Sahara Occidental, lo que puede ser visto como una forma de presionar a los miembros del mismo a adoptar una actitud benevolente hacia el Reino alauita, vistos los peligros a los que se enfrenta.
Sin embargo, según la opinión de todos los observadores políticos occidentales en Rabat, el peligro de atentados terroristas es real, y podría acarrear consecuencias desastrosas para el régimen.
Pedro Canales
Nº 9 | Jueves, 19 de abril de 2007
Copyright 2005, La Razón
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