Los hijos de la miseria (II)
frenéticos por toda la ciudad. Esos pequeños turismos son los que mejor navegan en un tráfico caótico.

El argumento de la miseria tampoco le sirve a Kader, un padre de familia que vive en el suburbio de Sidi Mumen, de donde salieron los kamikazes que perpetraron los ataques de mayo del 2003, y que defiende a la gente de estos barrios. "Por unos locos, se nos está criminalizando. En estos barrios hay muchos chavales que se matan a estudiar y a trabajar para salir adelante".
Poco a poco, la amenaza terrorista va dejando su huella. Aunque todo el mundo sigue a lo suyo, hay inquietud. Los dos kamikazes de ayer, que se suicidaron en el centro de Casablanca, lejos de los barrios populares, han demostrado a los ciudadanos de que cualquier lugar puede ser el objetivo de un ataque.
Una de las transformaciones generadas por ese nuevo clima se percibe en la omnipresencia de la seguridad privada, uno de los negocios más boyantes. Desde los atentados del 2003, hay guardias privados a la entrada de los hoteles, restaurantes, bancos, tiendas de telefonía móvil...
El temor a que un terrorista suicida intente irrumpir en el interior del establecimiento para causar una carnicería, como ocurrió en la Casa de España en el 2003, ha llevado a la contratación masiva de guardias. Incluso algunos bloques de viviendas han sustituido al portero por un guardia inquisitivo.
Desconcierto ciudadano
Pese al aumento de medidas de seguridad, el desconcierto y la incredulidad son las sensaciones imperantes. Cuesta creer lo ocurrido. A esa sensación ni siquiera escapan los más viejos del lugar. "¿Quién me iba a decir que iba a ver a un vecino suicidarse como un kamikaze?", dice Tarek, un anciano que le echa la culpa de lo ocurrido a Bush, a los saharauis y a Argelia.
También recibe lo suyo el consumismo. "Antes, los marroquís nos conformábamos. Si no podías comprarte un coche, ibas en bicicleta. Ahora todo el mundo lo quiere todo. Se compran la casa a crédito, el coche a crédito, la comida a crédito. Nunca tienen bastante. Eso hace que la gente viva insatisfecha y nerviosa".
ANTONIO BAQUERO
CASABLANCA / ENVIADO ESPECIAL
15/4/2007 Edición Impresa
TERROR GLOBAL|LA CRISIS SOCIAL
El Periódico de Catalunya
Barcelona España
http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=396817&idseccio_PK=1007&h=070415

El argumento de la miseria tampoco le sirve a Kader, un padre de familia que vive en el suburbio de Sidi Mumen, de donde salieron los kamikazes que perpetraron los ataques de mayo del 2003, y que defiende a la gente de estos barrios. "Por unos locos, se nos está criminalizando. En estos barrios hay muchos chavales que se matan a estudiar y a trabajar para salir adelante".
Poco a poco, la amenaza terrorista va dejando su huella. Aunque todo el mundo sigue a lo suyo, hay inquietud. Los dos kamikazes de ayer, que se suicidaron en el centro de Casablanca, lejos de los barrios populares, han demostrado a los ciudadanos de que cualquier lugar puede ser el objetivo de un ataque.
Una de las transformaciones generadas por ese nuevo clima se percibe en la omnipresencia de la seguridad privada, uno de los negocios más boyantes. Desde los atentados del 2003, hay guardias privados a la entrada de los hoteles, restaurantes, bancos, tiendas de telefonía móvil...
El temor a que un terrorista suicida intente irrumpir en el interior del establecimiento para causar una carnicería, como ocurrió en la Casa de España en el 2003, ha llevado a la contratación masiva de guardias. Incluso algunos bloques de viviendas han sustituido al portero por un guardia inquisitivo.
Desconcierto ciudadano
Pese al aumento de medidas de seguridad, el desconcierto y la incredulidad son las sensaciones imperantes. Cuesta creer lo ocurrido. A esa sensación ni siquiera escapan los más viejos del lugar. "¿Quién me iba a decir que iba a ver a un vecino suicidarse como un kamikaze?", dice Tarek, un anciano que le echa la culpa de lo ocurrido a Bush, a los saharauis y a Argelia.
También recibe lo suyo el consumismo. "Antes, los marroquís nos conformábamos. Si no podías comprarte un coche, ibas en bicicleta. Ahora todo el mundo lo quiere todo. Se compran la casa a crédito, el coche a crédito, la comida a crédito. Nunca tienen bastante. Eso hace que la gente viva insatisfecha y nerviosa".
ANTONIO BAQUERO
CASABLANCA / ENVIADO ESPECIAL
15/4/2007 Edición Impresa
TERROR GLOBAL|LA CRISIS SOCIAL
El Periódico de Catalunya
Barcelona España
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