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Ciberterrorismo (e-Yihad) (e-Qaeda) y Terrorismo Islamista

jueves, abril 12, 2007

El Fida: la meca del fanatismo islámico

El barrio de Casablanca es un bastión integrista

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Tánger- A finales de los años 70 y principios de los 80, eran los barrios periféricos de Casablanca, como Hay Hassani, Derb Soltan, El Fida, Sidi Mumen, los que atraían a decenas de miles de campesinos llegados a la capital económica del Reino en busca de oportunidades, o huyendo de la miseria del Marruecos «inútil», como lo bautizara el Mariscal Hubert Lyautey.

El Fida crecía sin orden, sin plan, sin asfalto, sin agua, ni electricidad. Junto a casas de dos y tres pisos fabricadas con bloques de cemento, proliferaban las chabolas de amianto, madera y zinc. La Administración marroquí se mostraba impotente para instalar nuevas estructuras. El Majzén colocó a sus soplones y confidentes, para controlar.

Veinte años después, El Fida se ha convertido en un nido de traficantes, de comercio irregular, de bandas da delincuentes. La Prefectura de Policía que tiene a su cargo Derb Soltan y El Fida, no da a basto. En el barrio han surgido peligrosos grupos mafiosos que controlan las principales fuentes de riqueza que genera El Fida: la inmigración clandestina hacia Europa, el contrabando, la venta de droga y las redes de prostitución que envían decenas de chicas marroquíes a los países del Golfo.

Para colmo, las fuerzas de seguridad deben hacer frente a una nueva plaga desde los atentados de mayo de 2003 en Casablanca: los grupos violentos que se escudan en el fanatismo religioso para desafiar al poder constituido.

Las últimas elecciones legislativas de septiembre 2002 hicieron sonar las alarmas. Los islamistas del Partido de la Justicia y Desarrollo (legal y dialogante con el régimen), arrasaron en todos los barrios más conflictivos de Casablanca, incluido El Fida. Los «servicios sociales» del PJD tomaban a su cargo la distribución de alimentos, de becas para estudiantes, de ayudas a los más necesitados, de préstamos para los pequeños comerciantes y todos aquellos que querían instalar algún negocio por su cuenta.

El PJD ocupaba el lugar que correspondía al Estado. La respuesta de la población no se hizo esperar. Los islamistas ganaron sin contrincantes, por mayoría absoluta.

Sin embargo, la ola de beneficencia religiosa se frenó y el PJD vio sus expectativas truncadas. Las necesidades de los barrios marginales eran superiores a la capacidad de los islamistas. Un nuevo fermento surgió como emulación de las organizaciones terroristas islámicas nucleadas en torno a Osama Ben Laden y las guerras de Irak y Afganistán. Los «afganos» tuvieron su primera revancha en los atentados de mayo contra la Casa de España, el cementerio judío y el hotel Farah.

A pesar de la dura represión que se abatió sobre los «barrios calientes» de Casablanca, el fanatismo violento había echado raíces. Centenares de «sospechosos» fueron detenidos y encarcelados. El Fida fue peinado de arriba abajo. Sin embargo, los últimos sucesos muestran el fracaso de la solución represiva.

Pedro Canales
Nº 1 | Jueves, 12 de abril de 200
Copyright 2005, La Razón
Madrid España

http://www.larazon.es/noticias/noti_int156.htm