Al Qaeda y ‘Al Andalus’
El Ejército de Estados Unidos mandará a Afganistán un contingente de indios apache, navajo y sioux para agilizar las operaciones de búsqueda y captura de los guerrilleros talibán. Emulando el ejemplo de la Segunda Guerra Mundial, los indios formarán parte de las unidades de transmisiones encargadas de despistar al enemigo con mensajes de radio totalmente ininteligibles.

La noticia, difundida por los medios de comunicación estadounidenses, provocó no sólo estupor generalizado, sino también alguna que otra sonrisa irónica de quienes se resisten a confiar en la insólita campaña propagandística de la administración de George W. Bush.
Hace tres años, otros comandos integrados por miembros de las tropas de élite del Pentágono, lograron detectar el escondite de Osama Bin Laden, situado en la frontera entre Pakistán y Afganistán. En aquel entonces, los familiares del enemigo público número uno del mundo libre fueron informados de que, pasara lo que pasara, no debían temer por la vida o la integridad física del líder de Al-Qaeda.
Curiosamente, después de la advertencia, las cosas quedaron en aguas de borrajas. La razón radicaba en que, vivo, Bin Laden podía haberse convertido en un estorbo para sus ex amigos de Washington; muerto, en un mártir del Islam, es decir, en un mito capaz de generar una auténtica oleada de fanáticos seguidores en el mundo árabe-islámico.
Tras sopesar los pros y los contras de la posible captura, alguien decidió borrar las huellas de Osama Bin Laden. Finalizado el rocambolesco episodio, la Casa Blanca levantaba el telón del tercer acto de su Guerra Global contra el Terrorismo.
Dejando de lado el carácter meramente teatral, cuando no hollywoodense, del operativo pieles rojas del Pentágono, conviene analizar con detenimiento el alcance y la gravedad de las amenazas contra Occidente proferidas por el número dos de Al-Qaeda, Ayman al Zawahiri, el pasado día 11 de marzo, es decir, tres años después de los sangrientos atentados de Madrid.
El mensaje, aparentemente dirigido a dos países europeos que mandaron tropas a Afganistán –Alemania y Austria– es a la vez sencillo e inquietante. Podría resumirse en unas palabras: retiraos de Afganistán, de Líbano, de las tierras del Islam.
Sigue un paralelismo con la actuación del Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, acusado de engañar a su pueblo al enviar soldados a Afganistán, donde los talibán se aprestan a lanzar una ofensiva contra el tambaleante régimen pro-occidental, que cuenta con el apoyo estratégico de la OTAN.
Algunos expertos en lucha antiterrorista estiman que la advertencia de al Zawahiri podría ser el preludio de otro operativo de los radicales que tendría como escenario suelo español. De hecho, los analistas no disimulan su preocupación ante el espectacular avance del integrismo islámico en el Magreb, a escasos kilómetros de los confines con la fortaleza europea.
Los políticos y los servicios de inteligencia españoles tienen sobradas razones para no descartar el peligro de otro atentado islamista. En efecto, el discurso de los integristas no se limita a consideraciones de índole geopolítica, ya que en la mayoría de los casos alude al añorado Al Andalus (Andalucía).
Sin embargo, no hay que olvidar que las reivindicaciones de los radicales islámicos no surgen con el génesis de Al-Qaeda. Durante décadas, los manuales de historia utilizados en las escuelas saudíes aludían a Al Andalus como parte integrante del mundo musulmán. Pero a los príncipes saudíes, fieles aliados de Occidente, se les han perdonado muchos errores, léase despropósitos.
A la hora de la verdad, la culpa recae, como siempre, en Bin Laden y sus seguidores. Aún así, cabría preguntarse: ¿Sueña realmente el mundo islámico con la reconquista de Al Andalus?
Adrián Mac Liman es analista político y consultor internacional.
http://spanish.safe-democracy.org/2007/03/23/riesgo-de-un-nuevo-atentado-terrorista-e
Adrián Mac Liman
© 2000-2005 La Mañana
LLeida España
http://www.lamanyana.es/web/html/opinio.html?id=69836&seccio=Opini%2525C3%2525B3n&fecha=2007-03-25&sortida=03:00:00

La noticia, difundida por los medios de comunicación estadounidenses, provocó no sólo estupor generalizado, sino también alguna que otra sonrisa irónica de quienes se resisten a confiar en la insólita campaña propagandística de la administración de George W. Bush.
Hace tres años, otros comandos integrados por miembros de las tropas de élite del Pentágono, lograron detectar el escondite de Osama Bin Laden, situado en la frontera entre Pakistán y Afganistán. En aquel entonces, los familiares del enemigo público número uno del mundo libre fueron informados de que, pasara lo que pasara, no debían temer por la vida o la integridad física del líder de Al-Qaeda.
Curiosamente, después de la advertencia, las cosas quedaron en aguas de borrajas. La razón radicaba en que, vivo, Bin Laden podía haberse convertido en un estorbo para sus ex amigos de Washington; muerto, en un mártir del Islam, es decir, en un mito capaz de generar una auténtica oleada de fanáticos seguidores en el mundo árabe-islámico.
Tras sopesar los pros y los contras de la posible captura, alguien decidió borrar las huellas de Osama Bin Laden. Finalizado el rocambolesco episodio, la Casa Blanca levantaba el telón del tercer acto de su Guerra Global contra el Terrorismo.
Dejando de lado el carácter meramente teatral, cuando no hollywoodense, del operativo pieles rojas del Pentágono, conviene analizar con detenimiento el alcance y la gravedad de las amenazas contra Occidente proferidas por el número dos de Al-Qaeda, Ayman al Zawahiri, el pasado día 11 de marzo, es decir, tres años después de los sangrientos atentados de Madrid.
El mensaje, aparentemente dirigido a dos países europeos que mandaron tropas a Afganistán –Alemania y Austria– es a la vez sencillo e inquietante. Podría resumirse en unas palabras: retiraos de Afganistán, de Líbano, de las tierras del Islam.
Sigue un paralelismo con la actuación del Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, acusado de engañar a su pueblo al enviar soldados a Afganistán, donde los talibán se aprestan a lanzar una ofensiva contra el tambaleante régimen pro-occidental, que cuenta con el apoyo estratégico de la OTAN.
Algunos expertos en lucha antiterrorista estiman que la advertencia de al Zawahiri podría ser el preludio de otro operativo de los radicales que tendría como escenario suelo español. De hecho, los analistas no disimulan su preocupación ante el espectacular avance del integrismo islámico en el Magreb, a escasos kilómetros de los confines con la fortaleza europea.
Los políticos y los servicios de inteligencia españoles tienen sobradas razones para no descartar el peligro de otro atentado islamista. En efecto, el discurso de los integristas no se limita a consideraciones de índole geopolítica, ya que en la mayoría de los casos alude al añorado Al Andalus (Andalucía).
Sin embargo, no hay que olvidar que las reivindicaciones de los radicales islámicos no surgen con el génesis de Al-Qaeda. Durante décadas, los manuales de historia utilizados en las escuelas saudíes aludían a Al Andalus como parte integrante del mundo musulmán. Pero a los príncipes saudíes, fieles aliados de Occidente, se les han perdonado muchos errores, léase despropósitos.
A la hora de la verdad, la culpa recae, como siempre, en Bin Laden y sus seguidores. Aún así, cabría preguntarse: ¿Sueña realmente el mundo islámico con la reconquista de Al Andalus?
Adrián Mac Liman es analista político y consultor internacional.
http://spanish.safe-democracy.org/2007/03/23/riesgo-de-un-nuevo-atentado-terrorista-e
Adrián Mac Liman
© 2000-2005 La Mañana
LLeida España
http://www.lamanyana.es/web/html/opinio.html?id=69836&seccio=Opini%2525C3%2525B3n&fecha=2007-03-25&sortida=03:00:00



