La españa convertida al islam
OCCIDENTE es un accidente, según llevan tiempo diciendo los profetas del islam radical. Desde este punto de vista, Occidente es el problema; el Euroislam, la solución.

«The Wall Street Journal» editorializaba ayer sobre los nuevos disidentes de Europa. Ya no son disidentes bajo la presión soviética, sino ante el acecho islamista. Ese fue el pecado de Theo Van Gogh. En Alemania, la abogada Seyran Ates, de origen turco, ha cerrado su despacho de Berlín por amenazas. Se dedicaba a combatir los matrimonios impuestos por coerción familiar y cultural, los asesinatos que el islam considera por honor, los malos tratos a la mujer. La Europa de la Ilustración tiene más que razones para comenzar a enfrentarse con el comunitarismo diferencialista.
En «La España convertida al Islam», la profesora Rosa María Rodríguez Magda analiza el renacer del islamismo en España, en la doble vertiente de los conversos -empeñados en la tesis del Al-Andalus- y de la inmigración, hasta los efectos de una confluencia totalitaria que ha desembocado en la práctica del terrorismo.
La trama del islamismo radical, con todas sus ramificaciones y desvíos, resulta casi increíble, por lo que algunos dan prueba de enorme listeza al suponer que la reciente alarma en los aeropuertos de Londres pueda ser una exageración. Muy al contrario, es difícil hacerse una idea de la dimensión de las redes del islamismo, de su eficacia financiera y de su capacidad de penetración en una Europa desbordada y sin fuerza reactiva. Es que no queremos aceptar que la lucha entre los servicios de inteligencia de Occidente y el hihadismo no conoce treguas.
En un extremo, el uso del terror; en el otro, el aprovechamiento de las políticas comunitaristas de Europa para infiltrarse y condicionar otras políticas. Es el ejercicio discursivo del comunitarismo que -como dice la profesora Rodríguez Magda-, en virtud de la libertad de los estados democráticos, reclama un estatuto diferencial, en cuyo seno no se respeta la libertad democrática que lo ha hecho posible.
sí, en vez de ser una ampliación de la libertad, la erosiona y debilita. De ahí la posición reacia de unos pocos pensadores europeos que -frente a los espejismos de la Alianza de Civilizaciones- alertan de los riesgos de una democracia débil, chantajeada por el victimismo de grupos concretos, por la doctrina multiculturalista que genera compartimentos estancos ajenos a la idea de libertad y de igualdad ante la ley.
El capítulo de «La España convertida al Islam» sobre la Alianza de Civilizaciones es muy ilustrativo, prácticamente sin que hiciera falta que el embajador Máximo Cajal -comisionado para la Alianza- abundase en el derecho iraní a disponer de la bomba atómica. Precedió a Zapatero la propuesta del ayatolá Jatamí: lo que no queda subrayado en todos sus postulados buenistas es que ni el islam moderado comparte la dimensión occidental de los derechos humanos.
Así ve Rosa María Rodríguez Magda la Alianza de Civilizaciones: asume cierta culpabilidad imperialista; cierra los ojos ante el integrismo a fin de frenar el terrorismo; promueve en suelo europeo un multiculturalismo más tolerante con el llamado islam moderado, sin querer ver hasta qué punto eso incorpora el germen integrista que lleva a la violencia. En fin: la Alianza de Civilizaciones relativiza los valores occidentales y nos hace más vulnerables.
El desvarío del Al-Andalus como recuperación de la Europa auténtica tiene sus terminales y sus núcleos de acción. Por lo menos está probada su concomitancia con las tesis más extremas del nacionalismo andaluz, por extrapolación del pensamiento tercermundista que en sus tiempos más rumbosos fue asumido por parte de la izquierda. Ahora andan matizando sobre la ambición nuclear iraní, si no es que la niegan. Por ahí incluso pululan teólogos de la liberación ya desahuciados. Incluso en este siglo XXI hay ideólogos para todo.
Por VALENTÍ PUIG
PORTADA: Opinión: Firmas
Jueves, 7 de septiembre de 2006
Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U, Madrid, 2006.
ABC Periódico Electrónico
Contiene información de Diario ABC. S.L.
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Madrid, 2006.
http://www.abc.es/20060907/opinion-firmas/espana-convertida-islam_200609070249.html

«The Wall Street Journal» editorializaba ayer sobre los nuevos disidentes de Europa. Ya no son disidentes bajo la presión soviética, sino ante el acecho islamista. Ese fue el pecado de Theo Van Gogh. En Alemania, la abogada Seyran Ates, de origen turco, ha cerrado su despacho de Berlín por amenazas. Se dedicaba a combatir los matrimonios impuestos por coerción familiar y cultural, los asesinatos que el islam considera por honor, los malos tratos a la mujer. La Europa de la Ilustración tiene más que razones para comenzar a enfrentarse con el comunitarismo diferencialista.
En «La España convertida al Islam», la profesora Rosa María Rodríguez Magda analiza el renacer del islamismo en España, en la doble vertiente de los conversos -empeñados en la tesis del Al-Andalus- y de la inmigración, hasta los efectos de una confluencia totalitaria que ha desembocado en la práctica del terrorismo.
La trama del islamismo radical, con todas sus ramificaciones y desvíos, resulta casi increíble, por lo que algunos dan prueba de enorme listeza al suponer que la reciente alarma en los aeropuertos de Londres pueda ser una exageración. Muy al contrario, es difícil hacerse una idea de la dimensión de las redes del islamismo, de su eficacia financiera y de su capacidad de penetración en una Europa desbordada y sin fuerza reactiva. Es que no queremos aceptar que la lucha entre los servicios de inteligencia de Occidente y el hihadismo no conoce treguas.
En un extremo, el uso del terror; en el otro, el aprovechamiento de las políticas comunitaristas de Europa para infiltrarse y condicionar otras políticas. Es el ejercicio discursivo del comunitarismo que -como dice la profesora Rodríguez Magda-, en virtud de la libertad de los estados democráticos, reclama un estatuto diferencial, en cuyo seno no se respeta la libertad democrática que lo ha hecho posible.
sí, en vez de ser una ampliación de la libertad, la erosiona y debilita. De ahí la posición reacia de unos pocos pensadores europeos que -frente a los espejismos de la Alianza de Civilizaciones- alertan de los riesgos de una democracia débil, chantajeada por el victimismo de grupos concretos, por la doctrina multiculturalista que genera compartimentos estancos ajenos a la idea de libertad y de igualdad ante la ley.
El capítulo de «La España convertida al Islam» sobre la Alianza de Civilizaciones es muy ilustrativo, prácticamente sin que hiciera falta que el embajador Máximo Cajal -comisionado para la Alianza- abundase en el derecho iraní a disponer de la bomba atómica. Precedió a Zapatero la propuesta del ayatolá Jatamí: lo que no queda subrayado en todos sus postulados buenistas es que ni el islam moderado comparte la dimensión occidental de los derechos humanos.
Así ve Rosa María Rodríguez Magda la Alianza de Civilizaciones: asume cierta culpabilidad imperialista; cierra los ojos ante el integrismo a fin de frenar el terrorismo; promueve en suelo europeo un multiculturalismo más tolerante con el llamado islam moderado, sin querer ver hasta qué punto eso incorpora el germen integrista que lleva a la violencia. En fin: la Alianza de Civilizaciones relativiza los valores occidentales y nos hace más vulnerables.
El desvarío del Al-Andalus como recuperación de la Europa auténtica tiene sus terminales y sus núcleos de acción. Por lo menos está probada su concomitancia con las tesis más extremas del nacionalismo andaluz, por extrapolación del pensamiento tercermundista que en sus tiempos más rumbosos fue asumido por parte de la izquierda. Ahora andan matizando sobre la ambición nuclear iraní, si no es que la niegan. Por ahí incluso pululan teólogos de la liberación ya desahuciados. Incluso en este siglo XXI hay ideólogos para todo.
Por VALENTÍ PUIG
PORTADA: Opinión: Firmas
Jueves, 7 de septiembre de 2006
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