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Ciberterrorismo (e-Yihad) (e-Qaeda) y Terrorismo Islamista

jueves, septiembre 28, 2006

Afganistán sufre la peor ola de violencia de los últimos 5 años

• Alrededor de 140 militares extranjeros y 200 civiles han muerto desde el pasado enero

• La OTAN pide más tropas y admite que la insurgencia es más fuerte de lo esperado


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Desde comienzos de año, más de 30 soldados británicos han perdido la vida en combates con los insurgentes en Afganistán, una cifra tres veces superior a la decena de bajas sufridas en los años anteriores tras la caída del régimen talibán en el 2001.

La frontera que separa las zonas del país que están fuera del alcance de las oenegés debido a la inseguridad se desplaza hacia el norte. Y no pasa un solo día en que un atentado suicida o un "artefacto explosivo improvisado" --término militar para designar a una mina artesanal-- no acaba con la vida de civiles o militares del Ejército afgano o de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF).

Seis años después de la caída del régimen talibán, Afganistán ha dejado de ser el ejemplo recurrente al que se refieren los adalides de la lucha contra el terrorismo internacional para convertirse en un nuevo quebradero de cabeza que reclama un número creciente de tropas internacionales.

¿SE 'IRAQUIZA' EL PAÍS?

La pregunta flota en el aire en las cancillerías y la opinión pública de muchos de los 37 países participantes en la ISAF: ¿Está siguiendo Afganistán la vía de devastación y horror que vive Irak?. "No es descartable", vienen a responder muchas oenegés con presencia en el país. La reciente espiral de violencia "es el resultado de que haber expandido nuestra presencia a las regiones del país", replican los portavoces de la misión de la OTAN en la capital afgana.

Cifras y noticias que llegan desde el país centroasiático no dejan lugar a dudas respecto al alarmante incremento de la violencia que ha experimentado el país desde comienzos del 2006, tras los supuestos éxitos del 2004 y 2005, con la celebración de las elecciones presidenciales primero y las legislativas y locales después. Alrededor de 140 militares extranjeros han muerto en atentados o accidentes en el país centroasiático desde el 1 enero, mientras que los ataques suicida han acabado con la vida de dos centenares de personas, la mayoría de ellas civiles, una cifra aún lejos de los miles de muertos que se han producido en el mismo periodo de tiempo en Irak.

Los dirigentes de la OTAN ya admiten abiertamente que la extensión del mandato de la ISAF al sur del país, reducto del régimen talibán, se ha convertido en el principal desafío militar con el que se ha enfrentado hasta la fecha la Alianza Atlántica desde su fundación en 1957. Incluso su vicesecretario general, John Colston, ha reconocido que sus militares han encontrado "más resistencia" de la esperada en el despliegue de la ISAF en las provincias sureñas de Afganistán.

En este revuelto panorama, los ministros de Defensa de la OTAN deben debatir hoy en Portoroz (Eslovenia), el incremento de su contingente en varios miles de hombres, compuesto por 20.000 soldados, para asumir el mando de la operación de paz en el este del país.

"Estamos asistiendo a una situación de guerra civil en la práctica", denuncia Rafael Vilasanjuán, aún director general de Médicos sin Fronteras, organización que en el 2004 decidió retirarse tras el asesinato no esclarecido aún de cinco cooperantes, tres de ellos expatriados y que, por el momento, no contempla volver ante lo que percibe una "falta de voluntad política" para esclarecer el asesinato múltiple.

"El consenso entre las oenegés y las Naciones Unidas es que las oportunidades para tener éxito en Afganistán, si no se ven pronto resultados, se están cerrando", admite desde Kabul Christian Dennys, consejero de Política y Apoyo de Intermón-Oxfam en Afganistán. "Hay más violencia", pero ello "es el resultado de que hemos adoptado una actitud cada véz más activa", opina, en cambio, en un tono marcadamente más optimista, el mayor Luke Knittig, portavoz de la ISAF.

REDES DE NARCOTRÁFICO

Afganistán es uno de los países más pobres de la tierra, infiltrado por las redes del narcotráfico internacional. En este contexto, violencia, miseria y narcodólares son fenómenos que se alimentan mutuamente. Porque la insurgencia --término que, en palabras de Knittig, engloba a talibanes y a traficantes de opio-- es capaz de pagar sumas de dinero mucho más elevadas a sus milicianos (cinco dólares al día, según señala en su último número la revista Newsweek) que lo que reciben los 30.000 soldados del Ejército Nacional Afgano.

Pero, en opinión de Vilasanjuán, de MSF, el deterioro de la situación en el país centroasiático es tal que ni siquiera inyecciones de dinero son "garantía de que se estabilizará el país". Y, de forma creciente, advierte telefónicamente Dennys, de Intermón-Oxfam, "en algunos pueblos hay más fe de que los talibanes puedan garantizar la seguridad, de que los talibanes pueden ser una opción".

MARC MARGINEDAS
BARCELONA
El Periódico de Catalunya
Barcelona España

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