La red de Al Qaida hoy
Quince años después del primer atentado de Al Qaida, seguimos sin entender exactamente ni lo que es ni cómo funciona esta organización.

Bin Laden no es llana y simplemente un terrorista más como otro cualquiera. Es un revolucionario inspirado en una ideología concreta, el «yihadismo», con una visión estratégica de lo que aspira a conseguir, el califato y el imperio del islam tradicionalista, y con unas actuaciones tácticas concretas, desde la comisión de sangrientos atentados a la mera propaganda. Con todo, cinco expertos en la materia reunidos en una misma sala darán, al menos, una docena de respuestas sobre qué es Al Qaida. Y todas aparentemente plausibles.
Pero lo cierto es que hoy, para Osama bin Laden, el terrorismo es más que nada comunicación. La emisión de sus palabras tiene un valor estratégico tan importante como las palabras mismas, y la cadena de televisión qatarí Al Yasira, a pesar de escudarse en una interpretación bastante laxa de lo que es la libertad de expresión, algún día tendrá que responder por ello.
Al Qaida es una vanguardia revolucionaria a modo de lo que los leninistas entendieron a comienzos del siglo pasado, o los nazis hicieron algo después. Si el «wahabismo» depende del dinero del petróleo, Al Qaida es impensable sin internet y sin la televisión. De hecho, mientras que los decadentes occidentales buscan pornografía en la red, los islamistas radicales se pirran por las imágenes de decapitaciones; y mientras aquí se espera la emisión de cualquier culebrón, los islamistas ansían escuchar las amenazas antioccidentales de sus líderes espirituales.
Al Qaida, a pesar de lo mucho que se dice en contra, sigue siendo una estructura central. Pero Al Qaida es sólo la punta de un iceberg que se sustenta sobre una ideología, el islam militante y radical y cuya realidad es mucho más compleja. Como Hamás o el mismo Abu Musab al-Zarqaui han puesto de relieve tras la última alocución de Bin Laden, el terrorismo islámico excede a la organización Al Qaida, aunque coincidan en su objetivo más amplio, la reinstauración de un califato de corte fundamentalista. Las diferencias radican en cómo lograrlo.
Sea como fuere, es muy importante entender que el éxito del terrorismo estriba en poder continuar actuando. Y eso es tan válido para ataques mortíferos como para la guerra de propaganda. Osama bin Laden amenazó a los Estados Unidos el pasado enero con atentados equivalentes a los del 11-S. No lo ha logrado materializar. Pero sí continúa cautivando a su audiencia gracias a las ondas de Al Yasira. Es hora de que dejemos de devanarnos lo sesos sobre qué cosa es Al Qaida hoy y nos concentremos en los frentes en los que la organización se expresa. Porque sobre ellos sí se puede actuar.
Por RAFAEL L. BARDAJÍ
OPINIÓN
EDICIÓN IMPRESA - Colaboraciones
Viernes, 28 de abril de 2006
ABC Periódico Electrónico Madrid España
http://www.abc.es/

Bin Laden no es llana y simplemente un terrorista más como otro cualquiera. Es un revolucionario inspirado en una ideología concreta, el «yihadismo», con una visión estratégica de lo que aspira a conseguir, el califato y el imperio del islam tradicionalista, y con unas actuaciones tácticas concretas, desde la comisión de sangrientos atentados a la mera propaganda. Con todo, cinco expertos en la materia reunidos en una misma sala darán, al menos, una docena de respuestas sobre qué es Al Qaida. Y todas aparentemente plausibles.
Pero lo cierto es que hoy, para Osama bin Laden, el terrorismo es más que nada comunicación. La emisión de sus palabras tiene un valor estratégico tan importante como las palabras mismas, y la cadena de televisión qatarí Al Yasira, a pesar de escudarse en una interpretación bastante laxa de lo que es la libertad de expresión, algún día tendrá que responder por ello.
Al Qaida es una vanguardia revolucionaria a modo de lo que los leninistas entendieron a comienzos del siglo pasado, o los nazis hicieron algo después. Si el «wahabismo» depende del dinero del petróleo, Al Qaida es impensable sin internet y sin la televisión. De hecho, mientras que los decadentes occidentales buscan pornografía en la red, los islamistas radicales se pirran por las imágenes de decapitaciones; y mientras aquí se espera la emisión de cualquier culebrón, los islamistas ansían escuchar las amenazas antioccidentales de sus líderes espirituales.
Al Qaida, a pesar de lo mucho que se dice en contra, sigue siendo una estructura central. Pero Al Qaida es sólo la punta de un iceberg que se sustenta sobre una ideología, el islam militante y radical y cuya realidad es mucho más compleja. Como Hamás o el mismo Abu Musab al-Zarqaui han puesto de relieve tras la última alocución de Bin Laden, el terrorismo islámico excede a la organización Al Qaida, aunque coincidan en su objetivo más amplio, la reinstauración de un califato de corte fundamentalista. Las diferencias radican en cómo lograrlo.
Sea como fuere, es muy importante entender que el éxito del terrorismo estriba en poder continuar actuando. Y eso es tan válido para ataques mortíferos como para la guerra de propaganda. Osama bin Laden amenazó a los Estados Unidos el pasado enero con atentados equivalentes a los del 11-S. No lo ha logrado materializar. Pero sí continúa cautivando a su audiencia gracias a las ondas de Al Yasira. Es hora de que dejemos de devanarnos lo sesos sobre qué cosa es Al Qaida hoy y nos concentremos en los frentes en los que la organización se expresa. Porque sobre ellos sí se puede actuar.
Por RAFAEL L. BARDAJÍ
OPINIÓN
EDICIÓN IMPRESA - Colaboraciones
Viernes, 28 de abril de 2006
ABC Periódico Electrónico Madrid España
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