Karzai niega la acusación de EE.UU. de que es blando en la lucha antidroga
La ONU exige una investigación independiente sobre los abusos en las cárceles
El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, rechazó ayer tajantemente las acusaciones de EE.UU. sobre su tibieza en la lucha contra el tráfico de heroína. Karzai se ve obligado a un difícil equilibrio para asentar su poder y contentar al aliado estadounidense.

Karzai, junto al gobernador de Massachusetts, el sábado a su llegada a EE.UU.
La visita de Hamid Karzai a Estados Unidos se ve enturbiada por una serie de incómodas revelaciones que ponen más difícil la estratégica relación entre Kabul y Washington. La víspera de su encuentro en la Casa Blanca con George W. Bush, el presidente afgano tuvo que responder a las acusaciones de que está siendo demasiado blando en la lucha por la erradicación del cultivo de adormideras en su país. En un tono cortante, Karzai descargó de culpas a su Gobierno y achazó a la comunidad internacional la responsabilidad por las deficiencias del programa para que Afganistán deje de ser uno de los mayores suministradores de la materia prima para producir heroína.
Karzai se sometió a una dura entrevista ante la CNN en la que le confrontaron con la noticia que daba en portada The New York Times. Este diario tuvo acceso a un reciente informe enviado desde la embajada de EE.UU. en Kabul al Deparmento de Estado. En este documento se hablaba de la falta de voluntad de Karzai por llevar adelante de forma agresiva la destrucción de plantaciones de amapolas, incluso en su propia provincia de Kandahar. La resistencia en eliminar el cultivo de adormideras estaría motivada por el miedo a enemistarse con muchos campesinos y líderes locales, cuyo sustento depende de su vínculo con la industria de la droga. La celebración de elecciones legislativas el próximo otoño no sería ajena a la timidez del presidente afgano. El diario neoyorquino echaba también buena parte de la culpa a Gran Bretaña, encargada de poner en práctica el esfuerzo internacional antidroga en Afganistán.
Karzai reiteró ante la CNN su compromiso de acabar con el cultivo de adormideras y dijo que el 30% de las plantaciones ha sido ya eliminado. El presidente afgano pasó la pelota a los demás países. "En lo que se refiere al dinero internacional y la creación de fuerzas para destruir las amapolas, no fue efectivo, se hizo con retraso y a medias", se lamentó.
"Hemos hecho nuestro trabajo y ahora le toca a la comunidad internacional hacer el suyo. Punto", remachó.
El presidente afgano reiteró su indignación por las torturas y muertes de detenidos a manos de militares estadounidenses y pidió que los responsables sean castigados. Pero, al mismo tiempo, admitió que "la conducta de uno o dos soldados o interrogadores no debe reflejar lo que es Estados Unidos o el pueblo norteamericano. Hay mala gente en todas partes", dijo. Karzai, que emergió como líder providencial y aliado de EE.UU. en la caída del régimen talibán, está obligado a mantener un delicado equilibrio para no socavar su aún frágil posición interna en Afganistán y seguir gozando de la confianza de sus protectores en Washington. Lo de protectores debe entenderse en sentido literal, pues el presidente afgano vive y se traslada con un dispositivo de seguridad que le proporcionan los estadounidenses y que le ha salvado la vida ya en varios atentados.
La ONU condenó en términos muy duros los abusos atribuidos a los militares norteamericanos y exigió que se realice una investigación independiente a cargo de activistas afganos pro derechos humanos. "Tales abusos son absolutamente inaceptables y una afrenta a todos los principios de la comunidad internacional", declaró su portavoz en Afganistán, Richard Provencher.
El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, rechazó ayer tajantemente las acusaciones de EE.UU. sobre su tibieza en la lucha contra el tráfico de heroína. Karzai se ve obligado a un difícil equilibrio para asentar su poder y contentar al aliado estadounidense.

Karzai, junto al gobernador de Massachusetts, el sábado a su llegada a EE.UU.
La visita de Hamid Karzai a Estados Unidos se ve enturbiada por una serie de incómodas revelaciones que ponen más difícil la estratégica relación entre Kabul y Washington. La víspera de su encuentro en la Casa Blanca con George W. Bush, el presidente afgano tuvo que responder a las acusaciones de que está siendo demasiado blando en la lucha por la erradicación del cultivo de adormideras en su país. En un tono cortante, Karzai descargó de culpas a su Gobierno y achazó a la comunidad internacional la responsabilidad por las deficiencias del programa para que Afganistán deje de ser uno de los mayores suministradores de la materia prima para producir heroína.
Karzai se sometió a una dura entrevista ante la CNN en la que le confrontaron con la noticia que daba en portada The New York Times. Este diario tuvo acceso a un reciente informe enviado desde la embajada de EE.UU. en Kabul al Deparmento de Estado. En este documento se hablaba de la falta de voluntad de Karzai por llevar adelante de forma agresiva la destrucción de plantaciones de amapolas, incluso en su propia provincia de Kandahar. La resistencia en eliminar el cultivo de adormideras estaría motivada por el miedo a enemistarse con muchos campesinos y líderes locales, cuyo sustento depende de su vínculo con la industria de la droga. La celebración de elecciones legislativas el próximo otoño no sería ajena a la timidez del presidente afgano. El diario neoyorquino echaba también buena parte de la culpa a Gran Bretaña, encargada de poner en práctica el esfuerzo internacional antidroga en Afganistán.
Karzai reiteró ante la CNN su compromiso de acabar con el cultivo de adormideras y dijo que el 30% de las plantaciones ha sido ya eliminado. El presidente afgano pasó la pelota a los demás países. "En lo que se refiere al dinero internacional y la creación de fuerzas para destruir las amapolas, no fue efectivo, se hizo con retraso y a medias", se lamentó.
"Hemos hecho nuestro trabajo y ahora le toca a la comunidad internacional hacer el suyo. Punto", remachó.
El presidente afgano reiteró su indignación por las torturas y muertes de detenidos a manos de militares estadounidenses y pidió que los responsables sean castigados. Pero, al mismo tiempo, admitió que "la conducta de uno o dos soldados o interrogadores no debe reflejar lo que es Estados Unidos o el pueblo norteamericano. Hay mala gente en todas partes", dijo. Karzai, que emergió como líder providencial y aliado de EE.UU. en la caída del régimen talibán, está obligado a mantener un delicado equilibrio para no socavar su aún frágil posición interna en Afganistán y seguir gozando de la confianza de sus protectores en Washington. Lo de protectores debe entenderse en sentido literal, pues el presidente afgano vive y se traslada con un dispositivo de seguridad que le proporcionan los estadounidenses y que le ha salvado la vida ya en varios atentados.
La ONU condenó en términos muy duros los abusos atribuidos a los militares norteamericanos y exigió que se realice una investigación independiente a cargo de activistas afganos pro derechos humanos. "Tales abusos son absolutamente inaceptables y una afrenta a todos los principios de la comunidad internacional", declaró su portavoz en Afganistán, Richard Provencher.



