Zouhier: «Trashorras viajó a Marruecos antes del 11-M y conocía a tres de los terroristas»
Los cara a cara entre los principales imputados de la trama asturiana apuntan a Toro como el cabecilla.
Los careos ordenados por el juez Juan del Olmo entre los principales imputados por la llamada trama asturiana del explosivo apuntan a Antonio Toro como el cabecilla de la misma. El cuñado de Trashorras es acusado por los confidentes de la Guardia Civil Rafá Zouhier y Javier Lavandero de ser la persona que traficaba con los explosivos con el apoyo de Trashorras, que se dedicaba a ofrecerlos. Según estos careos, a cuyo contenido ha tenido acceso LA RAZÓN, Emilio Suárez Trashorras habría viajado a Marruecos antes del 11-M, según las manifestaciones de Rafá Zouhier.
Antonio Toro, imputado por facilitar los explosivos a la célula del 11-M, niega que diera una muestra de la dinamita a Rafá Zouhier, intermediario entre los islamistas y la trama asturiana.
Rafá Zouhier responde que se la entregó el cuñado de Toro, Emilio Suárez Trashorras, pero delante de él. Relata que fue el 20 de febrero de 2003. «Trashorras abrió el maletero de un Clio amarillo y me dio un bote con la muestra de dinamita».
Toro dice que no es cierto y Zouhier añade que los detonadores también se los dio Trashorras delante de Toro unos seis meses después, en septiembre. «Siempre trabajaban juntos», afirma. Trashorras, dice, le explicó, con Toro presente, cómo funcionaban. «Me dijo que había que introducirlos en la Goma 2 y cuando se coloca la pila, explota».
Sobre su coincidencia en la prisión de Villabona, Zouhier afirma que vio cómo Toro enseñaba un papel con un número de teléfono a Trashorras y, su mujer Carmen Toro, que fueron a verle. «No sé –dice– si ese teléfono era de gente de ETA, pero Toro tenía muy buen rollo con los presos jóvenes de ETA». Toro responde que ese teléfono era de Carmen, la mujer de un tal Sabino que vendía droga en la prisión. Añade que él en prisión sólo hablaba con Zouhier y el primo de éste.
«Además, en el módulo 8, donde yo estaba, no había ningún etarra destinado», remacha. El asturiano niega que hubiera hablado a Zouhier de explosivos en prisión y éste dice que sí y también tras salir de la cárcel.
«Era Trashorras», afirma, «el que los ofrecía, pero Toro era quién traficaba con ellos». Zouhier aclara que cuando Emilio Suárez Trashorras se veía apurado por una deuda recurría a Toro y a él «como ocurrió en la reunión del McDonalds de Madrid en julio de 2003».
En esa reunión, asegura, fue donde conoció a «El Chino». «Antes no le había visto nunca», señala. Quien sí le conocía, explica, era Emilio Suárez Trashorras, «que había viajado a Marruecos y conocía a tres de los terroristas del 11-M». Emilio Suárez Trashorras mantiene que había «connivencia» entre Toro y Lavandero en negocios de armas, sustancias explosivas y falsificación de documentos relacionada con vehículos. Toro le replica que sólo conoce a Lavandero del club Horóscopo de Gijón. Trashorras responde que le consta que han hecho varias estafas con coches y explica que una de ellas se produce dejándole a Lavandera «un Saab para estafar un vehículo Renault». Toro replica que el único coche que ha ofrecido a Lavandero es un Toyota Calibra y no un Saab.
Sobre la detención de ambos, en julio de 2001 en la llamada «Operación Pipol», Toro reconoce que el garaje donde apareció el hachís y los explosivos lo tenía alquilado, pero que en el alquiler también estaban Trashorras y José Ignacio Fernández Díaz, «El Nayo», en paradero desconocido.
Recuerda que cuando iban detenidos los tres a Gijón en un vehículo Megane, el policía que les custodiaba les comentó que dijesen que los explosivos y los detonadores encontrados en el garaje «eran para manzanales» (alisar un terreno para plantar manzanos). Asegura que el hachís que había en el garaje era suyo y de «El Nayo», pero los explosivos y detonadores no.
Que nunca ha estado en la mina Conchita y ni siquiera sabe cómo funciona una mina, ni lo que se hace con la goma2. Trashorras responde que «El Nayo» cortaba madera para la zona de la mina y tiene muchos amigos que trabajan en ella. Toro replica que su cuñado fue a verle el 11-M y le dijo que «eso lo habían hecho los amigos de Zouhier», a lo que Trashorras responde que es imposible porque ese día todavía «no había indicios de que no hubiera sido ETA».
Trashorras reconoce que se hizo confidente de la Policía tras la Operación Pipol para sacar de la cárcel a Toro, que, a su vez, reconoce que el policía Manuel García le hizo algunos favores cuando le cogieron con un Jeep Cherokee robado. Afirma que compraba el hachís por mediación de Rafá Zouhier y «El chino», y que en noviembre de 2003 tuvieron una reunión con ellos en el McDonalds de Moncloa porque les habían vendido droga adulterada.
Los careos ordenados por el juez Juan del Olmo entre los principales imputados por la llamada trama asturiana del explosivo apuntan a Antonio Toro como el cabecilla de la misma. El cuñado de Trashorras es acusado por los confidentes de la Guardia Civil Rafá Zouhier y Javier Lavandero de ser la persona que traficaba con los explosivos con el apoyo de Trashorras, que se dedicaba a ofrecerlos. Según estos careos, a cuyo contenido ha tenido acceso LA RAZÓN, Emilio Suárez Trashorras habría viajado a Marruecos antes del 11-M, según las manifestaciones de Rafá Zouhier.
Antonio Toro, imputado por facilitar los explosivos a la célula del 11-M, niega que diera una muestra de la dinamita a Rafá Zouhier, intermediario entre los islamistas y la trama asturiana.
Rafá Zouhier responde que se la entregó el cuñado de Toro, Emilio Suárez Trashorras, pero delante de él. Relata que fue el 20 de febrero de 2003. «Trashorras abrió el maletero de un Clio amarillo y me dio un bote con la muestra de dinamita».
Toro dice que no es cierto y Zouhier añade que los detonadores también se los dio Trashorras delante de Toro unos seis meses después, en septiembre. «Siempre trabajaban juntos», afirma. Trashorras, dice, le explicó, con Toro presente, cómo funcionaban. «Me dijo que había que introducirlos en la Goma 2 y cuando se coloca la pila, explota».
Sobre su coincidencia en la prisión de Villabona, Zouhier afirma que vio cómo Toro enseñaba un papel con un número de teléfono a Trashorras y, su mujer Carmen Toro, que fueron a verle. «No sé –dice– si ese teléfono era de gente de ETA, pero Toro tenía muy buen rollo con los presos jóvenes de ETA». Toro responde que ese teléfono era de Carmen, la mujer de un tal Sabino que vendía droga en la prisión. Añade que él en prisión sólo hablaba con Zouhier y el primo de éste.
«Además, en el módulo 8, donde yo estaba, no había ningún etarra destinado», remacha. El asturiano niega que hubiera hablado a Zouhier de explosivos en prisión y éste dice que sí y también tras salir de la cárcel.
«Era Trashorras», afirma, «el que los ofrecía, pero Toro era quién traficaba con ellos». Zouhier aclara que cuando Emilio Suárez Trashorras se veía apurado por una deuda recurría a Toro y a él «como ocurrió en la reunión del McDonalds de Madrid en julio de 2003».
En esa reunión, asegura, fue donde conoció a «El Chino». «Antes no le había visto nunca», señala. Quien sí le conocía, explica, era Emilio Suárez Trashorras, «que había viajado a Marruecos y conocía a tres de los terroristas del 11-M». Emilio Suárez Trashorras mantiene que había «connivencia» entre Toro y Lavandero en negocios de armas, sustancias explosivas y falsificación de documentos relacionada con vehículos. Toro le replica que sólo conoce a Lavandero del club Horóscopo de Gijón. Trashorras responde que le consta que han hecho varias estafas con coches y explica que una de ellas se produce dejándole a Lavandera «un Saab para estafar un vehículo Renault». Toro replica que el único coche que ha ofrecido a Lavandero es un Toyota Calibra y no un Saab.
Sobre la detención de ambos, en julio de 2001 en la llamada «Operación Pipol», Toro reconoce que el garaje donde apareció el hachís y los explosivos lo tenía alquilado, pero que en el alquiler también estaban Trashorras y José Ignacio Fernández Díaz, «El Nayo», en paradero desconocido.
Recuerda que cuando iban detenidos los tres a Gijón en un vehículo Megane, el policía que les custodiaba les comentó que dijesen que los explosivos y los detonadores encontrados en el garaje «eran para manzanales» (alisar un terreno para plantar manzanos). Asegura que el hachís que había en el garaje era suyo y de «El Nayo», pero los explosivos y detonadores no.
Que nunca ha estado en la mina Conchita y ni siquiera sabe cómo funciona una mina, ni lo que se hace con la goma2. Trashorras responde que «El Nayo» cortaba madera para la zona de la mina y tiene muchos amigos que trabajan en ella. Toro replica que su cuñado fue a verle el 11-M y le dijo que «eso lo habían hecho los amigos de Zouhier», a lo que Trashorras responde que es imposible porque ese día todavía «no había indicios de que no hubiera sido ETA».
Trashorras reconoce que se hizo confidente de la Policía tras la Operación Pipol para sacar de la cárcel a Toro, que, a su vez, reconoce que el policía Manuel García le hizo algunos favores cuando le cogieron con un Jeep Cherokee robado. Afirma que compraba el hachís por mediación de Rafá Zouhier y «El chino», y que en noviembre de 2003 tuvieron una reunión con ellos en el McDonalds de Moncloa porque les habían vendido droga adulterada.



