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Ciberterrorismo (e-Yihad) (e-Qaeda) y Terrorismo Islamista

lunes, diciembre 27, 2004

Toro, Trashorras y Zouhier no aportan al juez datos de contactos con ETA

Trashorras intenta descargar en su cuñado Antonio Toro su responsabilidad en la trama de los explosivos y le acusa de vender dinamita y detonadores

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Las declaraciones prestadas por los implicados en la «trama asturiana» del 11-M ponen de manifiesto que sus protagonistas se desenvolvían en la más «cutre» de las delincuencias. Chanchullos, cruces de acusaciones, versiones contradictorias y mentiras caracterizan sus comparecencias ante el juez Juan del Olmo, a quien corresponde ahora filtrar y «tirar» del hilo de la verdad.

Tanto embrollo obligó al juez a celebrar careos entre ellos. Así, los mantenidos por Emilio Suárez Trashorras con su cuñado Antonio Toro y con el también imputado Rafa Zouhier dejaron en evidencia a este último, quien llegó a manifestar que, tras su detención en un asunto de drogas, Toro entregó a Trashorras en el locutorio de la prisión un papel en el que había anotado un contacto con algún miembro de ETA supuestamente interesado en adquirir explosivos.

Ante el juez, y durante el careo mantenido el 16 de noviembre, Toro y Trashorras coincidieron en que, efectivamente, el primero le entregó a su cuñado una nota con un teléfono, pero que éste correspondía a una tal «Paloma», esposa de un preso llamado «Sabino» al que Toro conoció durante su estancia en la cárcel de Villabona. Toro, además, negó en todo momento que se dedicara a traficar con explosivos y sólo reconoció que lo hizo con coches y drogas.

Días después, el 19 de noviembre, en el careo mantenido por Trashorras con Zouhier -que el juez tuvo que interrumpir por el «nivel de enfrentamiento verbal» alcanzado por ambos-, éste último reconoció que vio el papel que Toro entregó al ex minero, «pero no sabe su contenido».

En esos mismos careos, llama la atención cómo Suárez Trashorras -según las investigaciones uno de los hombres clave de la «trama asturiana» y en la venta de los detonadores y explosivos a los autores de la matanza de los trenes- involucra a su cuñado en el «negocio». El ex minero asegura que Toro y el confidente Francisco Javier Villazón Lavandera, «Lavandero», compartían un negocio de «armas, sustancias explosivas y falsificación de documentos de vehículos». Toro rechaza estas acusaciones y sostiene que su relación con Lavandera se limita a verse en el club «El Horóscopo», donde trabajaba este último. Toro añade que Trashorras le habló de la situación de la mina «Conchita» -en referencia a lo fácil que resultaba robar explosivos-, pero que «él no sabe cómo es, que nunca ha trabajado allí, que nunca ha estado en la mina, que no sabe cómo funciona y que desconoce lo que se hace con los explosivos y los detonadores que salen de allí».

Muestras para Zouhier

Pero Trashorras, en su careo con Zouhier, sigue cargando la responsabilidad sobre su cuñado. Así, asegura que fue Toro quien en 2003 entregó a Rafa Zouhier una muestra de explosivos. El ex minero asegura que su cuñado sacó una bolsa del maletero del coche y se la dio a Rafa mientras él «estaba dentro del vehículo esnifando cocaína». La versión de Suárez Trashorras no coincide ni con la de Toro -que en su declaración ante el juez dijo que «la entrega la hizo Suárez Trashorras»- ni con la de Zouhier -«me entregaron la bolsa los dos»-. En el careo con su cuñado, Toro cambió de versión y aseguró que ninguno de los dos entregó a Zouhier los detonadores en 2003.