Persiste la amenaza
Poco a poco se van confirmando los peores temores en cuanto a la capacidad de reorganización de la banda etarra. Tras una serie de golpes policiales muy eficaces que habían impedido a los terroristas establecer un comando fijo en Madrid, los servicios de información han detectado, como hoy publica LA RAZÓN, la presencia de uno de estos grupos criminales en la capital de España.
No es, desde luego, una buena noticia. Las dos últimas tentativas de la banda, una en 2001, con el llamado «comando Txirrita»; y la otra, en 2002, con el «Egoiz eta Hodei», fueron prontamente desbaratadas por las Fuerzas de Seguridad del Estado. Hay que confiar en la eficacia demostrada de la Policía y la Guardia Civil para que den con el paradero de estos asesinos que son, con toda probabilidad, los mismos que organizaron los atentados contra las gasolineras madrileñas en el Puente de la Constitución.
No debemos relativizar el alcance de la noticia, aunque sin caer en inútiles pesimismos. La banda etarra, cada vez más debilitada y aislada en la sociedad, ha visto reducida su capacidad, es cierto, pero es perfectamente capaz de seguir matando. El hecho de que en estos momentos su estrategia sea la de forzar un proceso de negociación con el Gobierno, mediante la amenaza insidiosa del terror indiscriminado, responde tanto a su necesidad de ganar tiempo para reorganizarse, como a la coyuntura de que su brazo político está fuera de la legalidad y pretende a toda costa presentarse a las próximas elecciones autonómicas vascas.
Nos encontramos, pues, ante un momento crucial en el que no caben las vacilaciones. Porque aunque ETA haya podido, de momento, sacudirse la presión policial que la asfixiaba, la política de firmeza seguida durante los últimos años se ha revelado de una eficacia indudable, en especial tras el gran pacto de Estado por las Libertades y contra el terrorismo firmado por los dos grandes partidos nacionales. Los hechos confirman que éste es el camino para derrotar definitivamente a ETA y en él hay que perseverar. Nada indica, por otro lado, que se haya producido un cambio real en las intenciones de los terroristas, pese a las habituales cortinas del humo que sectores del nacionalismo vasco se apresuran a tender cada vez que la banda parece acorralada.
En este sentido, ayer el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo lo único que cabe hacer: anunciar que, una Navidad más, se ha puesto en marcha el plan de prevención especial contra el terrorismo. Las Fuerzas de Seguridad están en alerta y preparadas.
No es, desde luego, una buena noticia. Las dos últimas tentativas de la banda, una en 2001, con el llamado «comando Txirrita»; y la otra, en 2002, con el «Egoiz eta Hodei», fueron prontamente desbaratadas por las Fuerzas de Seguridad del Estado. Hay que confiar en la eficacia demostrada de la Policía y la Guardia Civil para que den con el paradero de estos asesinos que son, con toda probabilidad, los mismos que organizaron los atentados contra las gasolineras madrileñas en el Puente de la Constitución.
No debemos relativizar el alcance de la noticia, aunque sin caer en inútiles pesimismos. La banda etarra, cada vez más debilitada y aislada en la sociedad, ha visto reducida su capacidad, es cierto, pero es perfectamente capaz de seguir matando. El hecho de que en estos momentos su estrategia sea la de forzar un proceso de negociación con el Gobierno, mediante la amenaza insidiosa del terror indiscriminado, responde tanto a su necesidad de ganar tiempo para reorganizarse, como a la coyuntura de que su brazo político está fuera de la legalidad y pretende a toda costa presentarse a las próximas elecciones autonómicas vascas.
Nos encontramos, pues, ante un momento crucial en el que no caben las vacilaciones. Porque aunque ETA haya podido, de momento, sacudirse la presión policial que la asfixiaba, la política de firmeza seguida durante los últimos años se ha revelado de una eficacia indudable, en especial tras el gran pacto de Estado por las Libertades y contra el terrorismo firmado por los dos grandes partidos nacionales. Los hechos confirman que éste es el camino para derrotar definitivamente a ETA y en él hay que perseverar. Nada indica, por otro lado, que se haya producido un cambio real en las intenciones de los terroristas, pese a las habituales cortinas del humo que sectores del nacionalismo vasco se apresuran a tender cada vez que la banda parece acorralada.
En este sentido, ayer el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo lo único que cabe hacer: anunciar que, una Navidad más, se ha puesto en marcha el plan de prevención especial contra el terrorismo. Las Fuerzas de Seguridad están en alerta y preparadas.



