«El Tunecino» se encargó de buscar medios y terroristas para los atentados del 11-M
Del Olmo dice que los islamistas cometieron la masacre en respuesta a la posición española en Iraq.
Los atentados del 11-M fueron planeados antes de febrero de 2003 como respuesta a la situación de conflicto en Iraq y la postura del Gobierno de España, según se refleja en una resolución dictada ayer por el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo, que añade que «El Tunecino», uno de los siete suicidas de Leganés, fue el que se encargó de buscar medios y personas para cometer la masacre. En su escrito, el juez recoge un informe de la Unidad Central de Información Exterior de la Comisaría General del Información en el que se hacen constar, entre otros, esos extremos.
El juez Del Olmo sostiene que el informe elaborado por la UCIE refleja, en este momento, «una visión relevante de la investigación hasta ahora realizada con relación al entendimiento y comprensión» de los atentados de Madrid del 11 de marzo y el posterior suicidio en Leganés de siete de los autores de la masacre.
A renglón seguido, el magistrado reproduce el contenido del informe, en cuyas conclusiones se asegura que «Sarhan El Tunecino» fue el encargado de buscar «medios y genete para realizar la misión que ya habían tomado: atentar contra España como reacción a la posición en el conflicto de Iraq».
Las investigaciones realizadas permiten concluir que en la comisión de los atentados del 11-M se dieron cita «tres grupos de individuos bien definidos». El primero, denominado «grupo de Lavapiés» estaría liderado por Jamal Zougam; al frente del segundo, conocido como «grupo de Villaverde», –constituido por personas «con antecedentes por delincuencia común»– estaría Jamal Ahmidan, «El Chino», jefe operativo de los atentados. El líder del tercer grupo sería «Sarhane El Tunecino». Este último estaría, a su vez, dividido en dos subgrupos, cuyos responsables serían Mustapha Maymouni, detenido en Marruecos como presunto autor de los atentados de Casablanca, y «El Egipcio». Además habrían participado «algunos individuos» vinculados con la célula española de Al Qaida desarticulada en noviembre de 2001.
El único nexo de unión entre todos esos grupos, sería, de acuerdo con el contenido del informe, «Sarhane El Tunecino» quien era a la vez cuñado de Maymouni, amigo de Jamal Ahmidan, «El Chino», contacto de Rabei Osman «El Egipcio», bien conocido en los círculos de Lavapiés y relacionado con miembros de la célula española de Al Qaida.
Cuando «El Tunecino» inició la búsqueda de «medios y gente» para cometer atentados en España, se juntó con el grupo de Jamal Ahmidan, «consigue los explosivos y reúne un grupo con gente de varios de los grupos participantes».
A la célula se unieron «algunos elementos» que habían quedado tras las desarticulaciones de otros grupos, entre ellos el argelino Allekema Lamari. Les unía, según se señala «su odio a España y al mundo occidental». Éstos contactaron con la llamada «red norteafricana», puesto de Lamari era integrante del GIA argelino y tenía relaciones con uno de los huidos del 11-M, Mohamed Afalah, integrante del grupo de Maymouni y miembro del GICM.
El informe detalla que en febrero de 2002 tuvo lugar una reunión en Estambul en la que dirigentes de los Grupos Combatientes libios, marroquíes y tunecinos acordaron que la Jihad debía realizarse en los lugares donde se residía, y recuerda las manifestaciones de Bin Laden en las que situó a Marruecos y España como «objetivos donde atentar». «La decisión –prosigue– parece que ya estaba tomada, sólo faltaba encontrar el momento, situar el objetivo y definir quienes lo ejecutarían».
Añade que «por eso se dio legitimidad a los ataques de Casablanca y, posiblemente también a los de Madrid» y que antes de febrero de 2003, «ante la situación de conflicto en Iraq y la postura del Gobierno de España», Driss Chebli –detenido por orden de Garzón–, Maymouni y «El Tunecino» expresaron su deseo de atentar en España, «como respuesta a dichos hechos».
Los atentados del 11-M fueron planeados antes de febrero de 2003 como respuesta a la situación de conflicto en Iraq y la postura del Gobierno de España, según se refleja en una resolución dictada ayer por el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo, que añade que «El Tunecino», uno de los siete suicidas de Leganés, fue el que se encargó de buscar medios y personas para cometer la masacre. En su escrito, el juez recoge un informe de la Unidad Central de Información Exterior de la Comisaría General del Información en el que se hacen constar, entre otros, esos extremos.
El juez Del Olmo sostiene que el informe elaborado por la UCIE refleja, en este momento, «una visión relevante de la investigación hasta ahora realizada con relación al entendimiento y comprensión» de los atentados de Madrid del 11 de marzo y el posterior suicidio en Leganés de siete de los autores de la masacre.
A renglón seguido, el magistrado reproduce el contenido del informe, en cuyas conclusiones se asegura que «Sarhan El Tunecino» fue el encargado de buscar «medios y genete para realizar la misión que ya habían tomado: atentar contra España como reacción a la posición en el conflicto de Iraq».
Las investigaciones realizadas permiten concluir que en la comisión de los atentados del 11-M se dieron cita «tres grupos de individuos bien definidos». El primero, denominado «grupo de Lavapiés» estaría liderado por Jamal Zougam; al frente del segundo, conocido como «grupo de Villaverde», –constituido por personas «con antecedentes por delincuencia común»– estaría Jamal Ahmidan, «El Chino», jefe operativo de los atentados. El líder del tercer grupo sería «Sarhane El Tunecino». Este último estaría, a su vez, dividido en dos subgrupos, cuyos responsables serían Mustapha Maymouni, detenido en Marruecos como presunto autor de los atentados de Casablanca, y «El Egipcio». Además habrían participado «algunos individuos» vinculados con la célula española de Al Qaida desarticulada en noviembre de 2001.
El único nexo de unión entre todos esos grupos, sería, de acuerdo con el contenido del informe, «Sarhane El Tunecino» quien era a la vez cuñado de Maymouni, amigo de Jamal Ahmidan, «El Chino», contacto de Rabei Osman «El Egipcio», bien conocido en los círculos de Lavapiés y relacionado con miembros de la célula española de Al Qaida.
Cuando «El Tunecino» inició la búsqueda de «medios y gente» para cometer atentados en España, se juntó con el grupo de Jamal Ahmidan, «consigue los explosivos y reúne un grupo con gente de varios de los grupos participantes».
A la célula se unieron «algunos elementos» que habían quedado tras las desarticulaciones de otros grupos, entre ellos el argelino Allekema Lamari. Les unía, según se señala «su odio a España y al mundo occidental». Éstos contactaron con la llamada «red norteafricana», puesto de Lamari era integrante del GIA argelino y tenía relaciones con uno de los huidos del 11-M, Mohamed Afalah, integrante del grupo de Maymouni y miembro del GICM.
El informe detalla que en febrero de 2002 tuvo lugar una reunión en Estambul en la que dirigentes de los Grupos Combatientes libios, marroquíes y tunecinos acordaron que la Jihad debía realizarse en los lugares donde se residía, y recuerda las manifestaciones de Bin Laden en las que situó a Marruecos y España como «objetivos donde atentar». «La decisión –prosigue– parece que ya estaba tomada, sólo faltaba encontrar el momento, situar el objetivo y definir quienes lo ejecutarían».
Añade que «por eso se dio legitimidad a los ataques de Casablanca y, posiblemente también a los de Madrid» y que antes de febrero de 2003, «ante la situación de conflicto en Iraq y la postura del Gobierno de España», Driss Chebli –detenido por orden de Garzón–, Maymouni y «El Tunecino» expresaron su deseo de atentar en España, «como respuesta a dichos hechos».



