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Ciberterrorismo (e-Yihad) (e-Qaeda) y Terrorismo Islamista

lunes, diciembre 27, 2004

«El Tunecino» quería matar policías en comisarías

La Policía preguntó por Sarhane Ben Fakhet a los primeros detenidos tras el 11-M Sus declaraciones judiciales, demuestran que el líder de la célula empezó a hablarles del atentado ya en el verano del año 2003.

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La Policía preguntó por «El Tunecino» a los primeros detenidos tras ocurrir la matanza de Madrid, según demuestran sus declaraciones judiciales. En ellas, los arrestados entre el 13 y el 24 de marzo, dejan claro que conocían, en mayor o menor medida, al que luego fuera considerado líder o dinamizador de la llamada célula de Leganés. Según las declaraciones de algunos de ellos, Sarhane Ben Fakhet, al que consideran radical y violento, comenzó a hablarles de llevar a cabo un gran atentado en Madrid en el verano de 2003. También quería asaltar comisarías para matar en ellas policías y robar bancos y joyerías con el fin de financiar la yihad, en lo que él denominaba la «justicia islámica».

Declaración 19 de marzo de 2004. Madrid Niega que tenga nada que ver con el 11-M. Vivía con Jamal Zougam. Afirma que se enteró de los atentados por las noticias y cuando se levantó a las siete de la mañana, Jamal estaba aún en la cama. Dado que duerme junto a él, no se explica por qué los testigos sitúan a éste en los trenes aquella mañana. Tampoco sabe explicar la razón de que Zougam tuviera en su teléfono una tarjeta procedente del pack de 10 de las de Amena utilizadas en los atentados. Dice que Zougam utiliza siempre Movistar.

Conocía a Sarhane «El Tunecino» de vista, por coincidir con él en una cafetería del barrio e insiste en que no era amigo suyo. Explica que el locutorio de la calle Tribulete es suyo, aunque figuran también como socios Zougam y Mohamed Bekkali. No sabe quién de los tres encargó a los indios las tarjetas que luego hicieron posible la detonación de las mochilas, porque según se iban agotando en la tienda se iban pidiendo más. Niega pertenecer a ningún grupo radical islámico. «Somos religiosos», dice, «pero no radicales».

Que el 28 de febrero, fecha en que se trasladaron los explosivos desde Asturias, él estuvo con su tío en el cine y no sabe que hizo ese día Jamal, aunque cree que no realizó ningún viaje ni en febrero ni en marzo. Asegura que el único viaje que él hizo fue en Navidad a la Línea de la Concepción (Cádiz) para tramitarle la residencia a su esposa. Nunca ha estado en Asturias, pero recuerda que Zougam sí porque trabajaba en la venta ambulante. Niega haber asistido a las reuniones de purificación de la peluquería de Lavapiés.

Basel Ghalyoun

Declaración 27 de marzo de 2004 Vivía en la calle Virgen del Coro. Conocía a «El Tunecino» desde hacía tres años y medio, pero afirma que perdió la amistad porque se radicalizó. Dice que le recriminaba no ser un buen musulmán porque no estaba de acuerdo con sus consignas violentas. Asegura que «El Tunecino» le dijo en agosto de 2003 que iba a cometer un atentado en España, pero «siempre creí que fanfarroneaba». Dice que se alegraba del ataque de las Torres Gemelas y «siempre hablaba de la yihad y de la justicia islámica», declara. Dice que el mejor amigo de «El Tunecino» era un tal Khalid, aunque tenía muy buena relación con El Egipcio, Adnan Waki, Faisal Alluch y Fouad El Morabit.

Fouad el Morabit

Declaración 30 de marzo de 2004 Vivía en la casa de Virgen del Coro con Basel Ghalyoun y Hamed Ahmidan. Recuerda que «El Tunecino» fue una de las primeras personas que conoció cuando llegó a Madrid. Le consideraba un radical islámico. Según declara, le consta que España era objetivo del radicalismo islámico desde que formó parte de coalición desplegada en Iraq, aunque manifiesta que le consta que Al Qaida no había fijado aún a España como objetivo. Manifiesta que «El Tunecino» le contó a Basel Ghalyoun y Hamed Ahmidan que lo mejor que podían hacer era irse a sus países porque iba a ocurrir en Madrid algo fuerte, «como refiriéndose a algún homicidio o atentado», dice.

Abderrahim Zbakh

Declaración 14 de marzo de 2004 Declaró voluntariamente el 15 de marzo y dijo que había vendido las diez tarjetas a dos personas, «con acento de Tetuán» a 9 euros cada una. Al día siguiente una de estas personas volvió a la tienda para devolver una de las tarjetas porque no tenía saldo. Esto lo explica porque en la tienda unas tarjetas estaban precintadas y otras no, ya que existía un lote de 100 tarjetas antiguas y otro de 100 antiguas. Que no sabe reconocer mirándole a los ojos si un cliente es terrorista o no. Que «El Tunecino» solía ir a la tienda y cuando iba solo solía preguntar por Jamal pero cuando llegaba acompañado, no.

Amallah Dabas

Declaración 27 de marzo de 2004 Afirma que Sarhane «El Tunecino», amigo suyo, le habló en verano de 2003 de la posibilidad de robar en bancos y joyerías, para sufragar la yihad y cometer atentados. «También quería –dice– entrar en comisarías a matar policías». Le consta que quería comprar armas. Según afirma era «muy radical» y se consideraba por encima del imán de la mezquita. A raíz de esto discutió con él y no le volvió a ver más. Afirma conocer también a Mustafá Maymouni, cuñado de «El Tunecino», al que califica también de «muy radical». Según declara, «El Tunecino» veía a Mustafá como un líder. Que Khalid (Zeimi Pardo) de Arganda y un tal Rafat simpatizaban con él.

Hamed Ahmidam

Declaración 21 de marzo de 2004 Hermano de Said y primo de Jamal Ahmidan «El Chino». Hacía las obras de reforma del chamizo próximo a Morata de Tajuña donde se montaron las bombas. Afirma que «El Chino» conducía un Opel Astra de color azul y que en varias ocasiones lo vio aparcado en Morata. Que la casa era suya y que era muy religioso. «Siempre hablaba de la Yihad», dice. Estando trabajando en el chamizo observó a Jamal (Ahmidan), Abdennabi (Kounjaa), Asrih (Rifaat) y Mohamed (Oulad Akcha) manejando un artefacto cilíndrico, de color marrón claro, del que salían cables. En marzo vio en Morata un Toyota marrón, que nunca antes había visto, y ese día Jamal no le dejó entrar.

Mohamed Bekkali

Declaración 19 de marzo de 2004 Niega participación alguna en el 11-M. Estuvo tres años estudiando en la Universidad Complutense y los dejó para trabajar en el locutorio de Zougam. Afirma no ser practicante del Islam. Que recuerda que las tarjetas que salieron de la tienda para los atentados fueron compradas por dos personas que vinieron 20 o 25 días antes del 11-M. Compraron 10 tarjetas en la tienda a su compañero Abderrahim Zbakh. No sabe cómo se llamaban estas dos personas, pero las reconoció en unas fotos que le enseñaron el 3 de mayo.

No sabe explicar por qué Jamal Zougam tenía en su móvil una tarjeta del lote usado en el 11-M, ni tampoco por qué hay testigos que dicen haberle visto en los trenes. Dice conocer a las personas que se reunían en la peluquería de Lavapiés y niega haber asistido a esas reuniones. El 11-M relata que estaba en casa y a las 11:05 horas le llamaron para darle la noticia.

Afirma que aunque Zougam es quien regenta la tienda, su jefe era Mohamed Chaoui. Conocía a «El Tunecino» del barrio y había notado que era muy respetado, pero no son amigos. No fue a casa de ningún hindú, ni ha comprado teléfonos liberados ni cintas de vídeo.

Afirma que Zougam es muy religioso y que solía llegar a trabajar a la tienda sobre las doce de la mañana. Que el 11-M no le vio especialmente contento. Dice haber recibido un trato bueno por parte de la Policía.