El terrorismo se centra en Irak con ramificaciones por doquier
Aunque el campo de batalla terrorista se extendió por doquier excepto Estados Unidos en el año que termina, claramente la superpotencia y sus aliados fueron sus blancos. Y se puede anticipar aún más violencia en 2005 mientras persista la ocupación de Irak y los terroristas sigan decididos a volver a atacar territorio estadounidense.
Desde vehículos dinamitados que dejaron veintenas de muertos hasta ejecuciones rituales de a una víctima por vez para amedrentar, Irak fue el más castigado por el terrorismo en el año que concluye. Las víctimas fueron extranjeros o iraquíes que trabajaban para reconstruir el país bajo la ocupación encabezada por Estados Unidos.
Pero Europa aprendió que no era inmune en marzo, cuando explosiones en los trenes de pasajeros en Madrid dejaron 191 muertos. En videograbaciones, militantes musulmanes dijeron que habían actuado en nombre de Al Qaida en venganza por la alianza de España con Estados Unidos en Irak y Afganistán.
Tres días después del ataque, los socialistas, que habían prometido retirar las fuerzas españolas de Irak, vencieron en las urnas a los conservadores del primer ministro José María Aznar. Los socialistas cumplieron expeditivamente su promesa del retiro, y algunos declararon que Al Qaida había logrado una victoria política sobre Estados Unidos.
Un secuestro terrorista en octubre en Irak también pareció destinado a los votantes de un país europeo aliado de Estados Unidos. Las cintas mostraron a un rehén británico, Kenneth Bigley, rogando por su vida al primer ministro Tony Blair mientras Gran Bretaña se preparaba para las elecciones posiblemente en 2005. Al final, Bigley fue decapitado, al igual que dos estadounidenses capturados junto con él.
El 6 de diciembre, estadounidenses y sauditas comprobaron lo difícil que es contener el terrorismo cuando cinco pistoleros —cuatro de ellos sauditas— atacaron el consulado de Estados Unidos en Yida, Arabia Saudita. Cinco empleados del consulado —todos de Medio Oriente o de Asia— murieron y otros 10 resultaron heridos, dos de ellos estadounidenses. Cuatro de los atacantes fueron muertos y el quinto capturado por las fuerzas sauditas.
Jonathan Stevenson, un experto antiterrorista basado en Washington del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, de Londres, observa que la red terrorista Al Qaida y sus aliados buscaron blancos más vulnerables conectados con Estados Unidos en el mundo después que se reforzó la seguridad dentro de ese país y que Al Qaida se quedó sin su base de operaciones en Afganistán.
Pero a la larga, el movimiento de Osama Ben Laden espera concretar algún otro ataque espectacular en Estados Unidos, advirtió Stevenson.
Ha “reservado Estados Unidos para los ataques más valiosos, más simbólicos”, agregó.
Puede que Ben Laden se vea limitado a emitir amenazas videograbadas desde su madriguera, pero sus aliados se ven alentados por cada uno de sus anuncios, como el de noviembre en el que por primera vez se atribuyó claramente responsabilidad por los ataques del 11 de septiembre del 2001, y dijo que Estados Unidos debía dejar de amenazar a los musulmanes si quería evitar “otro Manhattan”.
Mientras Al Qaida se reagrupa, la invasión estadounidense de Irak brindó un escenario para los extremistas musulmanes de todo el mundo dispuestos a enfrentar a los estadounidenses. Aunque los “guerreros santos” son una minoría entre los iraquíes que combaten por motivos nacionalistas, los extranjeros ejercen una influencia desproporcionada a su número.
El más prominente es un jordano que abandonó los estudios secundarios conocido como Abu Musab Al Zarqawi, quien confirmó lo que muchos sospechaban desde hacía tiempo cuando manifestó su lealtad a Ben Laden en un mensaje en la internet en octubre.
Se dice que Al Zarqawi ha decapitado personalmente a por lo menos dos estadounidenses secuestrados, Nicholas Berg y Eugene Armstrong. Su grupo se ha responsabilizado de numerosos ataques a civiles y fuerzas iraquíes y de la coalición.
Su objetivo es hacer ingobernable Irak, privando a Estados Unidos de una oportunidad de demostrar la seriedad de su compromiso de imponer democracia y estabilidad en el corazón del mundo árabe.
Los vecinos de Irak se han opuesto desde el comienzo a la invasión estadounidense. Ahora temen que muchos jóvenes de sus países que fueron a Irak regresen más experimentados en la lucha y más radicalizados en sus creencias, y determinados a derrocar regímenes en lugares como Arabia Saudita, que padeció varios ataques terroristas en 2004, especialmente el ataque al consulado de Estados Unidos.
Mientras más rápido se vayan los soldados estadounidenses de Irak, más rápidamente se diluirá la amenaza a los países vecinos. Pero hacia el final de 2004, Estados Unidos anunció planes de aumentar sus fuerzas en Irak a su máxima cifra de 150 mil para mediados de enero, en la esperanza de afianzar la seguridad antes de las elecciones nacionales del 30 de enero.
No está en claro cuándo Irak podría estar suficientemente seguro como para que se vayan los ocupantes. Anthony Joes, experto en guerra de guerrillas en la Universidad St. Joseph en Filadelfia, dijo que la historia demuestra que, pese al poderío bélico de Estados Unidos, enfrenta un desafío enorme.
“Irak es 29 veces más grande que Chechenia, donde los rusos han estado proclamando su ‘victoria final’ en los últimos 10 años”, observó Joes. “Irak es 32 veces más grande que Irlanda del Norte, donde durante un cuarto de siglo después de 1972 unos pocos centenares de criminales mantuvieron en vilo a 22 mil soldados británicos”.
En las páginas en la internet donde los extremistas ventilan su furia y comparten sus ideas, la invasión estadounidense es representada como prueba de que Ben Laden tiene razón en que Estados Unidos quiere controlar tierras musulmanas y humillar a los musulmanes.
Los civiles iraquíes atrapados entre dos fuegos son representados como víctimas de la brutalidad estadounidense. Los líderes iraquíes que cooperan con los ocupantes en la esperanza de construir una democracia son considerados traidores al islam.
Peter Lawler, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Manchester, dijo que los musulmanes jóvenes en Europa y otros sitios están enfurecidos por el apoyo de Estados Unidos a Israel y a dictaduras árabes.
Si se puede mitigar esa indignación convenciéndolos de que occidente buscará la democracia en Medio Oriente, los extremistas hallarán mayores dificultades para reclutar atacantes suicidas.
“Pero eso requiere una diplomacia sutil, creativa y a largo plazo”, advirtió.
Desde vehículos dinamitados que dejaron veintenas de muertos hasta ejecuciones rituales de a una víctima por vez para amedrentar, Irak fue el más castigado por el terrorismo en el año que concluye. Las víctimas fueron extranjeros o iraquíes que trabajaban para reconstruir el país bajo la ocupación encabezada por Estados Unidos.
Pero Europa aprendió que no era inmune en marzo, cuando explosiones en los trenes de pasajeros en Madrid dejaron 191 muertos. En videograbaciones, militantes musulmanes dijeron que habían actuado en nombre de Al Qaida en venganza por la alianza de España con Estados Unidos en Irak y Afganistán.
Tres días después del ataque, los socialistas, que habían prometido retirar las fuerzas españolas de Irak, vencieron en las urnas a los conservadores del primer ministro José María Aznar. Los socialistas cumplieron expeditivamente su promesa del retiro, y algunos declararon que Al Qaida había logrado una victoria política sobre Estados Unidos.
Un secuestro terrorista en octubre en Irak también pareció destinado a los votantes de un país europeo aliado de Estados Unidos. Las cintas mostraron a un rehén británico, Kenneth Bigley, rogando por su vida al primer ministro Tony Blair mientras Gran Bretaña se preparaba para las elecciones posiblemente en 2005. Al final, Bigley fue decapitado, al igual que dos estadounidenses capturados junto con él.
El 6 de diciembre, estadounidenses y sauditas comprobaron lo difícil que es contener el terrorismo cuando cinco pistoleros —cuatro de ellos sauditas— atacaron el consulado de Estados Unidos en Yida, Arabia Saudita. Cinco empleados del consulado —todos de Medio Oriente o de Asia— murieron y otros 10 resultaron heridos, dos de ellos estadounidenses. Cuatro de los atacantes fueron muertos y el quinto capturado por las fuerzas sauditas.
Jonathan Stevenson, un experto antiterrorista basado en Washington del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, de Londres, observa que la red terrorista Al Qaida y sus aliados buscaron blancos más vulnerables conectados con Estados Unidos en el mundo después que se reforzó la seguridad dentro de ese país y que Al Qaida se quedó sin su base de operaciones en Afganistán.
Pero a la larga, el movimiento de Osama Ben Laden espera concretar algún otro ataque espectacular en Estados Unidos, advirtió Stevenson.
Ha “reservado Estados Unidos para los ataques más valiosos, más simbólicos”, agregó.
Puede que Ben Laden se vea limitado a emitir amenazas videograbadas desde su madriguera, pero sus aliados se ven alentados por cada uno de sus anuncios, como el de noviembre en el que por primera vez se atribuyó claramente responsabilidad por los ataques del 11 de septiembre del 2001, y dijo que Estados Unidos debía dejar de amenazar a los musulmanes si quería evitar “otro Manhattan”.
Mientras Al Qaida se reagrupa, la invasión estadounidense de Irak brindó un escenario para los extremistas musulmanes de todo el mundo dispuestos a enfrentar a los estadounidenses. Aunque los “guerreros santos” son una minoría entre los iraquíes que combaten por motivos nacionalistas, los extranjeros ejercen una influencia desproporcionada a su número.
El más prominente es un jordano que abandonó los estudios secundarios conocido como Abu Musab Al Zarqawi, quien confirmó lo que muchos sospechaban desde hacía tiempo cuando manifestó su lealtad a Ben Laden en un mensaje en la internet en octubre.
Se dice que Al Zarqawi ha decapitado personalmente a por lo menos dos estadounidenses secuestrados, Nicholas Berg y Eugene Armstrong. Su grupo se ha responsabilizado de numerosos ataques a civiles y fuerzas iraquíes y de la coalición.
Su objetivo es hacer ingobernable Irak, privando a Estados Unidos de una oportunidad de demostrar la seriedad de su compromiso de imponer democracia y estabilidad en el corazón del mundo árabe.
Los vecinos de Irak se han opuesto desde el comienzo a la invasión estadounidense. Ahora temen que muchos jóvenes de sus países que fueron a Irak regresen más experimentados en la lucha y más radicalizados en sus creencias, y determinados a derrocar regímenes en lugares como Arabia Saudita, que padeció varios ataques terroristas en 2004, especialmente el ataque al consulado de Estados Unidos.
Mientras más rápido se vayan los soldados estadounidenses de Irak, más rápidamente se diluirá la amenaza a los países vecinos. Pero hacia el final de 2004, Estados Unidos anunció planes de aumentar sus fuerzas en Irak a su máxima cifra de 150 mil para mediados de enero, en la esperanza de afianzar la seguridad antes de las elecciones nacionales del 30 de enero.
No está en claro cuándo Irak podría estar suficientemente seguro como para que se vayan los ocupantes. Anthony Joes, experto en guerra de guerrillas en la Universidad St. Joseph en Filadelfia, dijo que la historia demuestra que, pese al poderío bélico de Estados Unidos, enfrenta un desafío enorme.
“Irak es 29 veces más grande que Chechenia, donde los rusos han estado proclamando su ‘victoria final’ en los últimos 10 años”, observó Joes. “Irak es 32 veces más grande que Irlanda del Norte, donde durante un cuarto de siglo después de 1972 unos pocos centenares de criminales mantuvieron en vilo a 22 mil soldados británicos”.
En las páginas en la internet donde los extremistas ventilan su furia y comparten sus ideas, la invasión estadounidense es representada como prueba de que Ben Laden tiene razón en que Estados Unidos quiere controlar tierras musulmanas y humillar a los musulmanes.
Los civiles iraquíes atrapados entre dos fuegos son representados como víctimas de la brutalidad estadounidense. Los líderes iraquíes que cooperan con los ocupantes en la esperanza de construir una democracia son considerados traidores al islam.
Peter Lawler, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Manchester, dijo que los musulmanes jóvenes en Europa y otros sitios están enfurecidos por el apoyo de Estados Unidos a Israel y a dictaduras árabes.
Si se puede mitigar esa indignación convenciéndolos de que occidente buscará la democracia en Medio Oriente, los extremistas hallarán mayores dificultades para reclutar atacantes suicidas.
“Pero eso requiere una diplomacia sutil, creativa y a largo plazo”, advirtió.



