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Ciberterrorismo (e-Yihad) (e-Qaeda) y Terrorismo Islamista

martes, diciembre 28, 2004

Bombas de «mercurio rojo»

El juez de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, decretó ayer el ingreso en prisión incondicional de Majib Bakkali y Mohamed Douha, detenidos el pasado miércoles en Barcelona, quienes, según las autoridades marroquíes, trataban de comprar explosivos para perpetrar atentados estas Navidades en España o Marruecos.

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La lucha contra el terrorismo islamista resulta compleja y tortuosa. No es extraña la salida a la calle, en los últimos días, de numerosos efectivos de las Fuerzas de Seguridad del Estado, incluso del Ejército, en previsión de posibles atentados. El Gobierno no quiere, sin duda, provocar alarma social, pero resulta obvio que es difícil controlar a las posibles células o grupúsculos de terroristas islamistas que están dispuestos a provocar otro 11-M en nuestro país. Aunque en esta ocasión tenga otras características. Incluso más letales. Más complejas.

Bakkali y Douhaa «negaron» ante el juez pertenecer a ningún grupo terrorista, aunque reconocieron haber contactado en Barcelona con un ciudadano checo –según uno para comprar oro–, y según el otro para adquirir «mercurio rojo», un supuesto material procedente de la Europa del Este, altamente radioactivo, que podría ser utilizado para fabricar artefactos explosivos.

Esta sustancia, sobre la que existe toda una leyenda sobre su presunta existencia, es «vendida» por los traficantes como elemento para las llamadas «bombas sucias», que serían capaces de contaminar con radiación extensas zonas.

Así, estos artefactos no necesitarían plutonio o uranio enriquecido, sino que podrían ser armadas con otras sustancias a partir incluso de un artefacto con dinamita. La Policía británica detuvo, el pasado mes de septiembre, en Londres, a cuatro personas acusadas de querer comprar esta misma sustancia para fabricar una «bomba sucia». Las Fuerzas de Seguridad occidentales trabajan contrarreloj para prevenir cualquier situación de peligro.

Sin embargo, noticias como las de ayer, al margen de que «el mercurio rojo» sea o no una amenaza real, producen una sensación de escalofrío, de vértigo, y nos deben animar a redoblar la guardia y estar alerta frente al terror y sus secuaces.