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Ciberterrorismo (e-Yihad) (e-Qaeda) y Terrorismo Islamista

jueves, septiembre 30, 2004

Expertos antiterroristas ven una grave amenaza en la no integración de islámicos

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Los especialistas de las fuerzas de seguridad alertan de que grupos radicales tratan de aprovechar el descontento de inmigrantes afincados en la provincia Los investigadores detectan la distribución de propaganda a través de entidades en la que se anima a hacer frente común contra lo occidental

J. C. M./ALICANTE

Una deficiente integración no es el mejor caldo de cultivo para combatir el terrorismo islámico. Así lo advierten especialistas en la lucha contra grupos radicales, quienes alertan sobre la necesidad de realizar actuaciones de inserción en toda la franja del Sureste español, con especial incidencia en la provincia de Alicante.

Fuentes del Ministerio del Interior señalan que ya con anterioridad a los atentados del 11-M se detectó un movimiento de captación de magrebíes descontentos con su situación en el país. «Tratan de aprovechar el desarraigo para aglutinarlos y animarles a hacer frente común contra lo europeo», afirma uno de los expertos.

La matanza cometida hace ahora 24 días en Madrid ha hecho que los servicios de Inteligencia e Información desarrollen una frenética labor para no volver a verse sorprendidos por activistas de ideología islamista. Hasta la fecha, según coinciden en señalar investigadores en esta materia, no se había dado la importancia necesaria a las catalogadas como células de apoyo.

No hay que olvidar, según ellos, que las unidades logísticas, en una labor discreta y eficaz a la par, desempeñan un papel tan importantes como las de ejecución de los ataques terroristas. Sin las primeras no podrían actuar las segundas. Entre los cometidos de aquéllas figuran la financiación y la adhesión de simpatizantes.

Y en conexión con esta función, las fuerzas del orden han sido testigos de la distribución de inquietante propaganda en provincias españolas bañadas por la costa mediterránea. «En ella se dice, por ejemplo, a los marroquíes que deben estar unidos como musulmanes ante Europa, ser un grupo fuerte que tiene que hacerse valer».

Investigar en estos ámbitos significa hacer un seguimiento exhaustivo de cada movimiento sospechoso. Pero la labor difícilmente puede surtir efecto si la sociedad se muestra incapaz de favorecer la integración del colectivo inmigrante. La formación de guetos constituye un grave riesgo para la seguridad porque el radicalismo islámico se toparía con muy pocas barreras para sumar nuevos adeptos.

La inserción es defendida por organizaciones humanitarias en defensa de valores que poco tienen que ver con las preocupaciones de los miembros de la lucha antiterrorista. La situación surgida tras el 11-M ha hecho que, por distintos motivos, confluyan intereses hasta ahora distantes.

Las decenas de declaraciones tomadas en las últimas semanas en lugares como Alicante y Murcia corroboran, según fuentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que los planes del ataque masivo en Madrid eran conocidos de antemano por ciertas personas. El Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), al que se atribuyen las explosiones de la red ferroviaria de Madrid «es una organización amplia que se compone de mucha más gente de la que participó en los atentados».

Los investigadores tienen constancia de que el movimiento radica cuenta con integrantes que trabajan a modo de liberados. Su misión es hacer apología del ideario, recaudar dinero y, en general, prestar el apoyo que le sea requerido.

La Asociación Independiente de la Guardia Civil (Asigc), en la que se integran agentes en activo, defiende la línea de investigación que sostiene que población musulmana afincada en el país desde hace más de quince años y que cruzó la frontera después de recibir asilo político pudo cooperar con los activistas del GICM. Las indagaciones se extienden, incluso, a ciudadanos de diversas nacionalidades que han estado al frente de organizaciones no gubernamentales (ONG).

Refugiados políticos

Asigc insiste en que en la década de los 80 árabes huidos de sus estados de origen colaboraron con la Administración española aportando información confidencial sobre sus países. La mayoría, según constata Asigc, dejó de recibir ayudas públicas cuando el Gobierno del Partido Popular apostó por imprimir un cambio en la política exterior española, por lo que estos informadores perdieron su utilidad.

Las múltiples detenciones de presuntos miembros de la organización de Al Qaida, practicadas en España desde los ataques a las Torres Gemelas, pudieron ser la espoleta definitiva en el plan genocida perpetrado en Madrid. Cabe la posibilidad de que los refugiados políticos llegasen a actuar como agentes dobles, a juicio de los especialistas de Asigc.

Otros investigadores se inclinan por pensar que las explosiones del 11-M fueron obra de miembros cualificados de la red terrorista encabezada por Bin Laden. Supuestamente, habrían entrado en España con el único objetivo de perpetrar la matanza y, de inmediato, huir. No obstante, habrían precisado el apoyo de inmigrantes legales establecidos en España.

Los especialistas de Interior reconocen que se enfrentan a un fenómeno novedoso para ellos, por lo que deberán ajustar sus técnicas de trabajo a las necesidades para no fracasar en el empeño.