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Ciberterrorismo (e-Yihad) (e-Qaeda) y Terrorismo Islamista

lunes, septiembre 27, 2004

Editorial

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El tres en raya de ETA y los asturianos del 11-M

El Mundo (27/09/04, 06.36 horas)

Este periódico vuelve a poner a ETA en el punto de mira de la investigación del 11-M. Sabíamos que en la cárcel de Villabona, Antonio Toro Castro ofreció dinamita tanto a presos islamistas como a etarras. También que el coche-bomba que ETA hizo estallar en Santander el 3 de diciembre de 2002 había sido robado la víspera en el mismo callejón de Avilés donde Emilio Suárez Trashorras tiene su garaje. Hasta ahora, no teníamos constancia de que entre estos dos datos existiera ningún nexo. Pues sí lo hay.

Según ha informado el confidente Rafá Zouhier tanto al Rey por carta como en su día verbalmente a la Guardia Civil y en agosto al juez Del Olmo, cuando estaba en Villabona, presenció como Toro pasaba a su cuñado Trashorras un número de teléfono para contactar con ETA. Ello no prueba la implicación de la banda terrorista vasca en la masacre de Madrid, pero sí es un primer testimonio que vincula directamente la trama de suministro de explosivos del 11-M -por la que está imputado Trashorras- con ETA. Es decir, no permite cantar ¡bingo! pero sí línea.

Lo que sugiere este auténtico tres en raya es que Trashorras colaboró con ETA en el atentado de Santander y tal vez en alguna otra operación, ya sea mediante la venta de explosivos o con ayuda logística. Si así fuera, entonces parecería muy verosímil que ETA conociera lo que tenían entre manos los amigos marroquíes de Trashorras. Esto es una mera conjetura, si bien hay importantes elementos indiciarios que la respaldan, como la sorprendente coincidencia en la fecha de salida de las dos caravanas de la muerte o el procedimiento común de las mochilas-bomba.

La intervención indirecta de ETA en el 11-M sería la materialización de la colaboración a la que hacía referencia el islamista radical Targu Ismail en la carta que remitió al etarra Urrusolo Sistiaga el día siguiente al 11-S. En ella, Ismail celebraba la gesta de Bin Laden y especulaba con una posible cooperación entre grupos terroristas. Tan verosímil le parecía a Urrosolo la posibilidad de un salto cualitativo en la estrategia de ETA que, al enterarse de lo ocurrido en Atocha, temió que se hubiese producido el «derrape».

El que hasta ahora todo lo revelado y denunciado por Zouhier haya resultado cierto es otro poderoso argumento para reclamar que la pista de ETA sea investigada a fondo, tanto en sede parlamentaria como en sede judicial, y para que el confidente sea llamado a declarar ante la Comisión del 11-M. Urge investigar, además, si los mandos policiales que controlaban a los asturianos les utilizaron, como en su día hiciera Interior con Paesa, para intentar cazar a los compradores de explosivos. Por su parte, el juez Juan del Olmo debería hacer de la investigación de lo ocurrido en la cárcel de Villabona, del atentado de Santander y de la trama de explosivos de Avilés una parte integral del sumario del 11-M.

Dicho todo esto, es importante subrayar que el hecho de que ETA hubiera participado indirectamente en el 11-M no afectaría a la legitimidad del Gobierno de Zapatero ni justificaría los errores cometidos por Aznar. El objetivo de investigar de forma exhaustiva y hasta las últimas consecuencias todas las pistas, incluida la etarra, no es otro que dar respuesta a las víctimas y a la opinión pública en general, que reclaman conocer toda la verdad del 11-M. Porque sólo sabiendo qué ocurrió podremos impedir que España vuelva a sufrir un atentado similar.